Domingo 11/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Algo se mueve en Bilbao

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Dice la agencia EFE que un grupo de cristianos se concentrarán en manifestación de sí mismos ante las puertas de la Catedral de Bilbao para protestar contra una serie de medidas tomadas por la “jerarquía”, que no merecen ser enumeradas porque seguro que los amables lectores las adivinarán al instante. Y lo harán, los manifestantes, con el carisma democrático de aquel nosotros protestamos, nosotros decidimos tan propio del mayo del 68. Luego, comenzarán una huelga de hambre en defensa de los Derechos Humanos y terminarán formando una comuna, léase comunidad de base, tan básica como sus planteamientos. Por supuesto, abrirán una página web que les permita colocarse, en el sentido común del término, en Red.

Confiesan a la agencia de noticias citada que no tienen nada que ver con quienes firmaron la carta al Nuncio de Su Santidad para pedir un obispo no impuesto, pero que están de acuerdo con la solicitud.

A pocos metros, en un domicilio particular, se recibía esta semana una carta del señor Nuncio. Hay que destacar la amabilidad del monseñor Renzo Fratini, que ya ha contestado a los más de dos mil fieles que le expresaron su fidelidad y obediencia leal al Santo Padre. En una carta dirigida a Doña María Teresa Campo Vizcarra, el señor Nuncio acusa recibo de la misiva de los fieles. Añade, en un muy fino y elocuente estilo de la más sobresaliente Academia Pontificia que “aprecia el espíritu de fe que expresa su escrito, le agradezco su actual disponibilidad eclesial hacia el Señor Administrador Apostólico y les animo a perseverar en la oración al Señor para que pronto esa querida Diócesis cuente con un pastor según su Corazón”.

En un reciente discurso de Benedicto XVI a los miembros de la Academia Pontificia Eclesiástica (14-6-2010) decía: “Representar al romano pontífice significa, además, tener la capacidad de ser un "puente" sólido, un canal seguro de comunicación entre las Iglesias particulares y la Sede Apostólica: por un lado, poniendo a disposición del Papa y de sus colaboradores una visión objetiva, correcta y profunda de la realidad eclesial y social en que se vive; por otro, empeñándose por transmitir las normas, las indicaciones, las orientaciones que manan de la Santa Sede, no de manera burocrática, sino con profundo amor a la Iglesia y con la ayuda de la confianza personal pacientemente construida, respetando y valorando, al mismo tiempo, los esfuerzos de los obispos y el camino de las Iglesias particulares adonde uno ha sido enviado”.

José Francisco Serrano Oceja