Martes 17/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Del monte del templo a la explanada de las mezquitas

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Un artículo de...

Pilar Gonzalez Casado
Pilar Gonzalez Casado

Profesora Agregada a la Cátedra de Literatura árabe cristiana de la Universidad San Dámaso.

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La antigua explanada donde se levantaba el templo de Jerusalén ha sido de nuevo testigo de los enfrentamientos entre los jóvenes palestinos que pretendían impedir la entrada en el recinto a turistas y judíos y la policía israelí que trataba de disuadirlos. Los islamistas del grupo de los Murabitun luchaban por defender el tercer lugar más sagrado del islam de los intentos de judaización. El presidente palestino, Abu Mazen, ha considerado la intervención israelí como «un ataque contra la mezquita de Al-Aqsa y nuestros lugares santos». Por su parte, Guilad Erdan, ministro de Seguridad Interna de Israel, ha señalado que lo que intentó fue «evitar que  esos vándalos musulmanes convirtieran el lugar sagrado en un campo de batalla».

Es innecesario recordar la significación que este espacio del casco antiguo de Jerusalén, único vestigio in situ del templo bíblico, tiene para los judíos. Tampoco es necesario mencionar la que tiene para los cristianos: es el solar del templo donde Jesús escuchó a los doctores, enseñaba a los que le seguían y en cuyos alrededores realizó más de un milagro. Para los musulmanes es el tercer lugar más sagrado después de La Meca y Medina porque contiene la mezquita de Al-Aqsa al sur (construida hacia el 711) y la de la Cúpula de la Roca al norte (construida hacia el 692, muy poco después de la conquista musulmana de la ciudad).

Ni de las investigaciones científicas ni del Corán, se puede concluir que Mahoma saliera de la península Arábiga una vez que asumió su misión profética. La veneración musulmana por la Ciudad Santa como lugar vinculado al Profeta está relacionada con la exégesis de la sura 17, 1: «Glorificado sea Él, que de noche transportó a su siervo desde la Mezquita Sagrada hasta la Mezquita Lejana». A finales del siglo VIII, Ibn Hisham redactó la biografía canónica de Mahoma en la que refirió su ascensión nocturna al cielo sobre la mula alada Al-Buraq guiado por el ángel Gabriel. Con el paisaje del capítulo coránico de fondo, el Profeta fue arrebatado desde La Meca (la Mezquita Sagrada) hasta Jerusalén (la Mezquita Lejana, al-aqsa en árabe) y desde allí visitó los siete cielos en los que fue recibido por Abrahán, Moisés y Jesús, entre otros profetas, y a los que dirigió la oración como imán. Posteriormente, el historiador musulmán del siglo IX Yaqubi, explicó que la roca que custodia la cúpula dorada de la mezquita que lleva este nombre era la peña donde el Enviado de Dios puso sus pies cuando ascendió al cielo.

La Cúpula de la Roca deslumbra exterior e interiormente por su rica decoración y, actualmente, es uno de los monumentos más emblemáticos de Jerusalén que puede contemplarse desde muchos de los rincones santos de las otras dos religiones. «Oh vosotros, Pueblo del Libro, no traspaséis los límites de vuestra religión, y de Dios decid solo la verdad. El Mesías, Jesús, hijo de María, es sólo un apóstol de Dios y su Palabra, que Él envió a María, y un Espíritu procedente de Él. Creed por tanto en Dios y sus apóstoles y no digáis “Tres”. Será mejor para vosotros. Dios es sólo un Dios. Lejos de su gloria estaría que Él tuviera un hijo». Estos son algunos de los versículos coránicos que decoran las arcadas interiores que rodean la roca junto con los que recuerdan la legitimidad de la misión de Mahoma y el poder absoluto de Dios.

La biografía del Enviado de Dios se gestó en un contexto teológico concreto. Es obra de la comunidad musulmana unos ciento cincuenta años posterior al Profeta que defendía ante judíos y cristianos la legitimidad de Mahoma como último profeta y la proclamación del islam como la verdadera religión. El viaje dantesco del Profeta tiene esa misma pretensión apologética. Lo mismo sucede con las mezquitas de Al-Aqsa y de la Roca en la ciudad para todos santa de Jerusalén. Los jóvenes palestinos atrincherados en la explanada de las mezquitas luchan también con este mismo propósito en la ciudad donde se consumó el sacrificio de la Roca que nos salva.

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