Lunes 21/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La misa de la familia

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Las desenfocadas lupas de la entomología periodística contemplarán la misa de las familias de la madrileña Plaza de Colón con ojos de perversa analogía. No es la comparación el método de lo sagrado, sino la realidad en sí de una fiesta, primero, litúrgica, después, eclesial, y siempre humana, en una España, en una Europa, en un Occidente, en un global universo que necesita a la familia como expresión plena de lo humano. La familia, esa realidad natural formada por un hombre y una mujer, abiertos a la vida, en primera plana.

La misa de las Familias, con el cambiante formato de la alegría y de la celebración cristiana, no es un empeño ni del cardenal Rouco ni de Kiko Agüello iniciador del Camino Neocatecumenal, que se lleva, por cierto, la mayor parte del trabajo. ¿O acaso este acto público de expresión testimonial tiene sólo valor eclesial por el hecho de que lo convoca el arzobispo de Madrid, ahora presidente de la Conferencia Episcopal? ¿O acaso la asistencia de obispos depende de quien gobierna en España? Llegará la hora en la que la que la regla de las matemáticas de la comunión sea la suma y no la resta.

La misa de las familias es un acto debido como respuesta a una situación cultural y social en la que la familia se ha desintegrado en la polisemia, que es expresión de ismos y conjura de disoluciones varias. Se podrá discutir el lugar de la celebración; habrá quienes piensen por caracterología que es hora de volver a los templos –mal síntoma-, o de buscar lugares "más adecuados". La fuerza testimonial de la fe, y de la alegría cristiana, no dependen de quien esté en desgobierno, sino de la creatividad que nace del Espíritu. La misa de las familias es una forma de la presencia pública de lo cristiano, con vocación católica, una postal del vivido espíritu de Navidad. Es una expresión consolidada, unas veces mejor gestionada que otras, de una forma de catolicismo social y público, a la altura de las circunstancias, que se inició en los tiempos de la inclemencia antropológica de los gobiernos de Zapatero y que continúan en los de la calma chicha de un gobierno viniente, y que está por estrenar.

Y también es una iniciativa que se expande por el resto de las diócesis y que ha acrecentado la sensibilidad eclesial hacia la dimensión pública de la familia y hacia su presencia social. El hecho de que las archidiócesis de Santiago de Compostela, o la de Toledo, tengan su celebración particular de las familias, por ejemplo, apuntala esa honda expansiva de la apuesta de la Iglesia por la familia en formato fiesta de Navidad.

José Francisco Serrano Oceja

jfsoc@ono.com

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