Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El miedo a los islamistas

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Ya pasada la borrasca de la quema del Corán, escribo las consideraciones de estos días de polémica. Seguramente el pastor Terry Jones debe estar algo perturbado, porque una idea así no se le ocurre a nadie en sus cabales, mucho menos en la tolerante Norteamérica. Si el asunto es así de sencillo –un loco pretende quemar coranes en su parroquia- no sé que sentido tiene que otros le den cobertura. Un loco produce compasión y a los niños hilaridad. Eso es todo.

Algunos van más allá y ven intenciones políticas y movimientos escondidos. Esto no es cosa de un chalado sino un plan organizado para encender de nuevo el fuego entre musulmanes y cristianos. Sólo así –dicen- se entiende que Obama haya salido la palestra y haya tomado parte en la locura. Me parece que esto es una exageración sin fundamento.

Si nos quedamos sólo en el hecho aislado de un pastor enfadado por la construcción de la mezquita de la zona cero, lo preocupante es que en el mundo islámico haya más de 10 ó 20 chiflados extremistas que se levante en armas y pronuncien terribles amenazas, no contra el pastor pirómano, sino contra todo Occidente. No sabemos si esto es cierto, porque la capacidad de exagerar las cosas que tienen ciertos medios de comunicación –necesitados de vender- es escandalosa.

Si es verdad que un número importante de fundamentalistas de tinte talibán, o de otro calibre, se ven en la obligación de ataques terroristas contra EEUU y países amigos porque un señor queme un Corán o varios, entonces esa es la noticia. Lo espeluznante no es que exista un tal Terry Jones si no que existan unos exaltados que en nombre de la religión sean capaces de perturbar la paz mundial por un hecho extremadamente nimio.

Si sale en la prensa que un imán de cualquier parte del mundo se va a dedicar a quemar Biblias como protesta contra las Cruzadas, pensaremos que está necesitado de notoriedad. Desde luego no voy a especular sobre qué reacción deberíamos tener en Occidente ante tal provocación. Esta es la diferencia entre cultura y salvajismo, entre comprensión e intolerancia. Esto es lo que realmente nos tiene que preocupar, sabiendo, como sabemos, que no son dos o tres chalados.

Nosotros les permitimos construir mezquitas donde quieran, incluso en la zona cero, que ya son ganas de provocar. Ellos no nos dejan construir una iglesia en los países musulmanes ni en la última aldea. Hay lugares de África y de Asia donde los musulmanes persiguen violentamente a los cristianos sólo por serlo. Nosotros, en España, les subvencionamos sus actividades culturales y de enseñanza. En algunos lugares de España es más fácil construir una escuela coránica que un colegio concertado católico.

Eso es lo preocupante. La cultura islámica es intolerante, desprecia la libertad, no admite la igualdad de la mujer en la sociedad, y nosotros estemos haciendo oídos sordos, como si no supiéramos nada. En definitiva, me parece que en Occidente hay miedo ante lo que se nos viene encima, pero nadie sabe qué hacer para remediarlo.

Ángel Cabrero Ugarte