Martes 22/07/2014. Actualizado 01:00h

Tribunas

¿Por qué tiene miedo Pekín?

Siglos antes de Cristo, los gobernantes de Pekín levantaron lo que hoy conocemos como la Muralla China, para defenderse de las invasiones de los nómadas del norte que habitaban los territorios de Manchuria y Mongolia.

La reconstrucción de la muralla en el siglo XVI de nuestra época, es un buen testimonio de la perseverancia china, y de que el afán por defenderse de cualquier invasión seguía firme entre los gobernantes. Y así han seguido hasta ahora, después de tantos cambios de imperios, de dinastías, de partidos..

Hoy no levantan murallas, y no temen ninguna invasión –saben que Japón no volverá a invadirles-; tienen sin embargo un temor más profundo, y que no pueden controlar como quisieran, porque se ven incapaces de vencer en absoluto, aunque lo intentan, tratando de dominar la conciencia de sus ciudadanos, impidiendo que la luz de Cristo abra los horizontes de su inteligencia, de su corazón. Y, con la luz de Cristo, la luz de la libertad.

¿Qué temen hoy los políticos de Pekín? Que la Iglesia Católica tenga toda la libertad necesaria para predicar, a voz en grito y en todo el pais, a Cristo: Camino. Verdad, Vida.

El recién consagrado obispo auxiliar de Shangai, Taddheus Ma Daquin, afirmó durante la ceremonia de la consagración episcopal, que "no sostendría ninguna de las posturas de la Asociación Patriótica de los católicos chinos"; y aprovechó para reafirmar su unidad con el Papa.

La reacción del gobierno no se ha hecho esperar: han detenido al Obispo, y lo han recluido en un seminario en arresto domiciliado. El gobierno teme perder el control de la Asociación Patriótica, y con ella, de la Iglesia Católica en China, que siguen viendo como un "poder" extranjero.

¿Hasta cuando durarán estas tensiones entre el gobierno de Pekín y la Iglesia?

Quizá alguno pueda pensar que se está dando una situación semejante a la que se vivió en el Imperio Romano. Cuatro siglos de tensiones: una veces arreciaba la persecución; en otros momentos había intervalos de paz; tiempos de normales convivencias, que finalizaban con encarcelamientos y el envío a los leones.

Los gobernantes chinos no usan leones. Lástima que para conseguir mantener la tensión cuenten con la ayuda de "traidores de la fe", de sacerdotes, algunos de vida poco ejemplar, que se prestan a ser nombrados obispos. La Santa Sede acaba de declarar públicamente la excomunión del último de ellos.

No deja de ser algo extraño que, un pueblo sabio como el chino, tenga unos gobernantes que se apoyen en "renegados"; y es todavía más extraños, que los "traidores", los "renegados" no sean conscientes –posiblemente lo sean- de que igual que los utilizan ahora para este enfrentamiento, mañana los abandonarán, porque no les sirven de nada, o bien, los quitaran de en medio para que ni siquiera tengan la posibilidad de molestar.

Y mientras, en medio de tribulaciones, siguen creciendo las ordenaciones clandestinas, los bautizos clandestinos, los matrimonios clandestinos: la sangre y la fe de los mártires es siempre eficaz.

En medio de estas noticias de China, llega una luz desde Mongolia: la Iglesia Católica acaba de cumplir veinte años del comienzo de su labor en el pais, que en aquellos momentos no contaba con ningún católico.

En junio de 1992 llegaron los tres primeros misioneros, sacerdotes de la Congregación del Corazón Inmaculado de María, y han tenido la alegría de ver levantarse una Iglesia que hoy cuenta con cerca de mil "hermanos y hermanas mongoles, sin contar a todos los que se preparan la recibir el Bautismo".

La Iglesia Católica no es extranjera en ningún lugar de la tierra. Tampoco en China y en Mongolia. Y algún día, quizá, sacerdotes chinos y mongoles vengan a Europa –ya hay algunos- para enseñar la Fe en Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, a los europeos de entonces.

Ernesto Juliá Díazernesto.julia@gmail.com

·Publicidad·