Domingo 20/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Un mensaje de coraje, esperanza y paz

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Con las palabras que encabezan estas líneas definió el protavoz vaticano el ya inminente viaje de Benedicto XVI al Líbano. Y añadió que quedarán muy desilusionados los que "tengan expectativas de grandes intervenciones sobre la cuestión política" de la zona".

Y para que nadie se llame a engaño, subarayó que los temas de los discursos del Santo Padre girarán en torno "al diálogo interreligioso, al ecumenismo, la libertad religiosa y la paz".

La paz.

El hambre de paz en el mundo es un clamor unánime; un clamor que no deja de elevarse continuamente desde la tierra al cielo. Ya Cristo lo anunció a los apóstoles, "La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da os la doy yo". Y la Iglesia, en el nombre de Jesucristo, sigue anunciando la paz a todo el mundo, a todos los hombres.

Benedicto XVI lo recordó también el domingo pasado: "Mi viaje apostólico en el Líbano, y por extensión en el Medio Oriente en su conjunto, se coloca bajo el signo de la paz, en referencia a las palabras de Cristo: "Les doy mi paz".

Y Dios Padre, Hijo y Espíritu tiene verdadera ansia de dar su Paz al mundo. ¿Por qué tantas veces, y tantas personas, se obstinan en rechazarla?

Los cristianos de Siria están luchando obstinadamente por sobrevivir y permanecer en sus tierras; los cristianos de Palestina, de Israel, de Egipto, no dejan de afirmar su Fe, y de ofrecer su Paz a todos los que le rodean, pidiendo libertad para vivir su Fe y respeto a su Fe.

La pregunta que se hizo García Morente allá por el año 1942, sigue tan vigente como entonces. A propósito del mensaje de Paz de Pio XII en Navidad de 1941, en plena Guerra Mundial, se preguntó:

"¿Qué institución o sociedad –si no es la Iglesia Católica- ni qué hombre –si no es el Papa- hay en el mundo, al presente, que pueda levantar la voz y dirigir la palabra a los demás hombres con la plenitud de legítima autoridad moral?".

No estamos, es cierto, ni en guerra mundial, ni en la perspectiva de un estallido general de violencia, aunque hay más de un incendio –y no de bosques- provocado aquí y allá. Es sin embargo el mismo clamor por la paz, que entonces crecía en el corazón de Pío XII, el clamor que se eleva hoy en el corazón, en el espíritu de Benedicto XVI. El mismo clamor del Corazón de Cristo.

"Mis pensamiento están con aquéllos que buscan un espacio de paz. Aunque parezca difícil encontrar soluciones a los diversos problemas que afectan a la región, no podemos resignarnos a la violencia y a la exasperación de las tensiones".

Y transmite su preocupación a la comunidad internacional:

"Un compromiso con el diálogo y la reconciliación tiene que ser una prioridad para todas las partes involucradas y debe ser apoyado por la comunidad internacional, cada vez más consciente de la importancia para el mundo entero, de una paz estable y duradera en toda la región".

Benedicto XVI sabe lo que arriesga, también su propia vida, y no se echa atrás. Cristo es nuestra Paz, y el Papa ofrece su vida para anunciar la Paz de Cristo.

El profeta Isaías, sin saberlo, también tenía en su mente a Benedicto XVI cuando proclamó: "¡Cuán hermosos los pies de los que anuncian la Paz!"

Ernesto Juliá Díazernesto.julia@gmail.com

“Somos
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