Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El llamamiento de monseñor Osoro

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Clausuró el arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, los cursos de verano de la Universidad Católica de aquella archidiócesis con una conferencia bien pensada, bien trabajada, bien hilvanada, bien pronunciada, en la que profundizó sobre los aspectos morales de la crisis económica. Y lo hizo en un Seminario de Corbán, en Santander, que se está convirtiendo en el lugar del pensamiento católico en el verano. Una tradición que viene de antiguo, desde los tiempos en los que la Acción Católica, capitaneada por Ángel Herrera Oria, hizo de ese centro la sede de la Universidad Católica de verano, por eso de equilibrar y completar lo que se decía en la otra Universidad de verano, la de la Magdalena, de indudables raigambres en la Institución libre de enseñanza. Después transitaron por allí la Universidad Pontificia de Comillas, con la nostalgia de la costa, del verde y del mar perdido desde que se abandonó el edificio de la Cardosa. También estuvieron en Corbán el Seminario de Madrid, la Conferencia Episcopal, diversas Congregaciones e Institutos religiosos, y últimamente ha mantenido la antorcha encendida de la cultura, en esas venerables aulas, la Asociación Católica de Propagandistas.

Ante un atento auditorio, monseñor Carlos Osoro insistió en que no debemos entender que la crisis económica es un elemento de disfunción de un sistema sino un interrogante profundo sobre los fundamentos del actual mundo económico globalizado, sobre la realidad social, cultural y moral de nuestro entorno. El texto de su intervención bien pudiera servir de base para un documento episcopal, firmado individual o colectivamente. Su punto de vista fue el de las víctimas de la crisis, personas con nombres y apellidos que padecen los efectos de un juego múltiple de principios de comprensión del hombre que no respetan la naturaleza de lo humano.

La cuestión antropológica fue la cuestión desde la que el arzobispo de Valencia hizo un diagnóstico del momento presente, en los ámbitos de la educación, de la tecnología, de la inversión pública, de las políticas de empelo y del invierno demográfico, como puntos principales de esta grave erupción en la epidermis social.

No es competencia de la Iglesia la solución técnica a la crisis. Sí el discernimiento moral. Y, en este sentido, monseñor Osoro hizo, con la compañía de abundantes citas del magisterio pontificio reciente, un llamamiento a que se potencien los acuerdos sociales, culturales y políticos desde una concepción antropológicamente adecuada del bien común; invitó a una imaginación de la caridad que tenga como principio la defensa de la vida de todo hombre y de todos los hombres. Un llamamiento que no debiera caer en el olvido del agosto.

José Francisco Serrano Oceja