Domingo 20/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La libertad de monseñor Müller

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Varios son los aspectos de la biografía, y de la bibliografía, del nuevo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, la Suprema –como se la denominaba familiarmente antes-, que han sido destacados por quienes han trazado su perfil en los medios. Es evidente que el criterio de la confianza ha jugado un papel fundamental en este nombramiento. Una confianza entre el Papa y el obispo de Ratisbona que se ha acrecentado en los últimos años dado que monseñor Gerhard Ludwig Müller era el custodio, y el ángel de la guarda, de don Georg, el hermano del Papa.

Dejemos a parte la estéril cuestión de si el nuevo Prefecto ha tenido simpatías por algunas formas de teología de la liberación, o de cuál fue su influencia en el cambio, para bien, por supuesto, de Gustavo Gutiérrez. Es indudable que el profesor Müller ha tenido una evolución en su pensamiento teológico, que fue posible por las bases certeras sobre las que se fundamentaba. Y en cierta media, también por las amistades que le han acompañado a lo largo de su trayectoria teológica. Una de ellas, de mucha importancia, ha sido la del profesor Winfred Aymans, eximio canonista de Munich. En este sentido, si ponemos la lupa del microscopio en la vida y obra de monseñor Müller, yo no tendría como referencia de su pensamiento su discurso en el doctorado honoris causa que le concedió la Pontificia Universidad Católica de Perú, por varios motivos, entre otros su concepción de la historia de España.

Dicho lo cual, lo que destacaría de monseñor Müller es su profunda libertad, tanto en la creación teológica como en el ejercicio de su ministerio episcopal. Una libertad de espíritu y de criterio que estará presente en su nuevo servicio al Santo Padre y a la Iglesia universal, y que será clave en la situación actual de la curia vaticana.

Un aspecto importante de este nombramiento es cómo afectará a la Iglesia y a la teología en España. Ya se ha dicho, y se ha repetido, que monseñor Müller era profesor habitual de los primeros años de la Facultad de Teología San Dámaso, en la que conserva muy buenos amigos. Conocedor profundo de la realidad española, ha colaborado en algunos textos doctrinales claves de la presente historia de nuestra Iglesia, con su consejo prudente y eficaz. Realizó su última visita a nuestro país para el Congreso Eucarístico diocesano de Lugo, invitado por el obispo de esa ciudad, que no en vano fue su compañero de estudios. Un dato más añadido al hecho de que el secretario de la Congregación para la Doctrina de la fe es el español P. Luis Ladaria. Como escribe Olegario González de Cardenal en el prólogo a la edición española de la "Dogmática" de Müller: "Esta recirculación de la vida, espiritualidad y teología entre España y Alemania es un bello signo de catolicidad necesaria, primero por razones estrictamente teológicas y segundo por razones históricas".

José Francisco Serrano Oceja

jfsoc@ono.com

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