Viernes 18/08/2017. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

La ley de la no eutanasia

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

La ciencia es siempre un ejercicio de distinción. Distinguir sobre la distinción es complicado. ¿Distinguir es también interpretar? Vayamos a lo que dijo el cardenal Rouco en el desayuno del Foro Nueva Economía.

Primero, existe el anteproyecto de ley. Segundo, el gobierno se la ha hecho llegar a la Iglesia. Tercero, lo están estudiando tanto los especialistas de la Conferencia Episcopal como del arzobispado de Madrid. Cuarto, el cardenal aún no ha concluido la lectura del texto. Quinto, los que la han leído y quien no la ha concluido afirman que no es una ley de eutanasia, pero hay que esperar porque dirán otras muchas cosas. Sexto empírico, ¿qué es una ley de no eutanasia? ¿Qué es una ley de eutanasia? Ser o no ser, he ahí la cuestión. Séptimo, ¿son pertinentes esas declaraciones? ¿Lo es la verdad? ¿A quién benefician? ¿A quién perjudican? Amigo Platón, pero más amiga la verdad…

La lista de los especialistas de la Conferencia Episcopal que han dictado que no es una ley de eutanasia es, sin duda, amplia y, ciertamente, los autores no son sospechosos de jugar a varias bandas. Otra cuestión de este caso es la respuesta agradecida del gobierno a las declaraciones del cardenal sacando a la plaza, rápido, para que no se pierda, el toro: la famosa ley de igualdad de trato y de no sé cuántas cosas más. Y esa sí que, dicen los expertos, es antitodo, incluso anticonstitucional. Del anteproyecto de la ley de no eutanasia se puede decir que es más eutanásica por lo que no dice que debiera decir que por lo que dice. Eutanasia intelectual pasiva. Por ejemplo: hay omisiones importantes que no garantizan el derecho fundamental de libertad religiosa en todos sus aspectos. Olvida que toda persona tiene derecho a que no se le prive de los medios necesarios para su subsistencia. Si así fuera, se podría incurrir en responsabilidad penal o nos encontraríamos ante supuestos de eutanasia. Olvida en la Exposición de motivos, o en momentos posteriores, el artículo 16 de la Constitución –el gran olvidado– y las consecuencias que se derivan en este caso. Olvida la sensibilidad de las confesiones religiosas en esta materia para apuntalar la colaboración entre el Estado y la sociedad. No se alude en ningún momento al derecho a la objeción de conciencia, que debe reconocerse y garantizarse al personal sanitario en su mayor amplitud posible. Olvida que la ley debe garantizar que nunca se prive a un paciente de los medios necesarios para su subsistencia y, en particular, la hidratación y la alimentación. Demasiados olvidos para una ley no olvidada.

José Francisco Serrano Oceja

“Somos
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·