Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La ilusión sacerdotal

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Seguimos en el Año Sacerdotal, que es mucho más que las noticias de TVE sobre curas casados que presiden sacramentos, algo que ha obligado, por mor de la ejemplaridad, a emitir una Nota al arzobispado de Madrid. Vaya pues el testimonio de un obispo, que no suele salir en los medios y que está dando su vida por construir la Iglesia, al menos en el sentido de construir una Diócesis de nuevo cuyo, monseñor Joaquín María López de Andujar y Cánovas del Castillo, obispo de Getafe. En el último Boletín de la Fundación “Educatio Servanda” nos relata su vocación sacerdotal. He aquí su sencillo y reconfortante testimonio:

“Dos palabras definen mi infancia: fue hermosa y normal. Nací en Madrid en 1942 en una familia cristiana sencilla, de un matrimonio muy unido. ¡Se lo agradezco mucho a nuestro Señor! Ese entorno familiar marcó para siempre mi vida hasta hoy: los cuatro hermanos crecimos en un ambiente acogedor y al mismo tiempo consciente de la responsabilidad. De mis padres y de esa interrelación con mis hermanos aprendí a ver la mano de Dios en lo ordinario y habitual. Aprendí a discernir la divina Presencia en los acontecimientos alegres y también en los más duros.

-¿Colegio y familia fueron de la mano en su infancia?

La educación que recibí en el colegio contribuyó efectivamente a ese ambiente de casa. Tengo un gran sentimiento de gratitud por los valores inculcados en el colegio de Jesuitas de Madrid, porque era un complemento excelente al ambiente de casa. Los años fueron transcurriendo de una forma muy normal. Entre los 12 y 13 años, gracias a la participación asidua de mi familia en la vida parroquial descubrí la vocación sacerdotal. Sin embargo, a mis padres les aconsejaron que siendo yo tan joven, terminara primero el bachillerato. Tras las reafirmaciones y cambios de la adolescencia la vocación volvió a los 18 años con toda su fuerza. Dejé el Colegio de Ingenieros Industriales y pedí el ingreso en el Seminario de Madrid, ayudado en el discernimiento por los sacerdotes que conocía. Mi padre se emocionó muchísimo al saber que había encontrado mi camino. Me ordené en 1968”.

José Francisco Serrano Oceja