Miércoles 23/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Una humilde acción de gracias

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"Me encuentro ya en el último tramo del camino de mi vida, y no sé lo que me espera. Sé que la luz de Dios está ahí, que Cristo ha resucitado, que su luz es más fuerte que cualquier oscuridad. Sé que la bondad de Dios es más fuerte que todo el mal de este mundo. Y esta luz me ayuda a proseguir con seguridad. "Nos" ayuda a seguir adelante; y en este momento agradezco de todo corazón a todos los que continuamente me hacen sentir el "sí" de Dios a través de su Fe".

Palabras de Benedicto XVI el lunes 16 de abril, día de su 85 cumpleaños, en la homilía de la Santa Misa. Palabras de un hombre verdaderamente humilde, que tiene la misión de "sostener" en la Fe a todos sus hermanos, y agradece la Fe de todos sus hermanos, que le sostiene a él, en el camino de su ministerio.

Y le sostiene a él, Joseph Ratzinger, y a "Noi", Benedicto XVI. Se ha recuperado ya hace algunos años el antiguo título que los Papas usaban en los primeros tiempos de la Iglesia –"El siervo de los siervos de Dios"-, que campea en el primer arco del presbiterio de Santa María la Mayor, de Roma.

En medio de las disputas de poderes y de competencias, con monarcas y otros gobernantes del planeta, se les adjudicó el calificativo de Papa...: "Felizmente reinante", hoy ya felizmente abandonado.

"El siervo de los siervos de Dios" agradece a Dios verse sostenido por la Fe de todos los católicos, de todos los cristianos; sin excluir a ninguno. En esa misma homilía agradece el ejemplo de santa Bernadette Soubirous, la vidente de Lourdes; y de del beato José Labre; dos santos de los que apenas se puede decir algo más que eran una mujer, y un hombre de una gran Fe; que vivieron bajo la Luz de Cristo Resucitado; esa misma luz con la que Benedicto XVI quiere seguir guiando el caminar de la Iglesia; quiere dejar paso a la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, hoy.

¿Dónde encuentra hoy Benedicto XVI ese apoyo de la Fe?

Me permito, sé que estoy osando y no poco, pero sé también porque oso, señalar sólo algunos hechos.

La homilía del obispo Reig Pla, que ha abierto los ojos a tantas personas; y ha movido el espíritu de algunos hombres y mujeres que han reconocido lo que estaban viviendo "egoísmo, soledad, depresión, traición, rebeldía, grosería, lujuria, desamor, desilusión", y han dado gracias a Dios por haber descubierto la esperanza en Cristo Resucitado que les sostendrá en el camino hasta el encuentro definitivo con Dios Padre..

La vuelta a la "casa del Padre", a la Iglesia Católica de dos obispos, varios sacerdotes y un buen número de fieles anglicanos en Canadá; que se suman a los otros anglicanos de Inglaterra, de Estados Unidos, de Australia, que están siguiendo los caminos que un día vivió el beato Newman.

El buen número de intelectuales agnósticos, que no dejan de buscar la Verdad; y son sostenidos en el empeño por otros hombres de pensamiento y de ciencia que son felices "poseyendo la verdad, la buscan más todavía a fin de renovarla, profundizar en ella y ofrecerla a los demás".

Benedicto XVI terminó su homilía agradeciendo a Dios que le había dado esa Luz, y le reza para que esa Luz permanezca siempre. Y termina diciendo: "En este día tengo motivos para agradecer a Dios y a todos los que siempre me han ayudado a descubrir la presencia del Señor en mi vida, que me han acompañado para que yo no perdiese esa Luz".

Es en el corazón humilde de un Papa donde la Bondad y la Paternidad Misericordiosa de Dios lucen, y gozan.

Ernesto Juliá Díaz

ernesto.julia@gmail.com

“Somos
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