Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Un homenaje al cardenal Rouco

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Ahora que se ha acabado el Meeting de Rimini es hora de hacer balance, y de hacernos algunas preguntas. Sólo la realidad de Comunión y Liberación (CL), incluso la realidad italiana de este Movimiento, es capaz de organizar un acontecimiento que en los periódicos italianos está todos los días no muy lejos de la portada.

Para aquel país, este encuentro es una cita obligada en la agenda de miles de personas, y de no pocos políticos, líderes empresariales, sociales. Este año el protagonismo mediático, en plena refriega italiana, lo ha tenido Tony Blair, quien concedió la única entrevista a L´Osservatore Romano, lo que significa un gesto de confianza de la Santa Sede con este estadista.

Mary Ann Glendon fue, sin duda, la protagonista en el terreno del pensamiento. Elaboró un texto en el que ofrecía una explicación de la ley natural que, siendo fiel a los principios clásicos, daba un paso más y dialogaba con una modernidad expresiva. Se palpaba que, después de su periplo romano como embajadora de los Estados Unidos, se ha consolidado su autoridad.

Para los españoles, la conferencia del cardenal Rouco Varela, arzobispo de Madrid, fue un aliciente. La información, lógicamente, ha circulado por los derroteros de texto del cardenal y del contexto de su posterior encuentro con los medios, en el que hizo algunas interesantes declaraciones aún ignotas. Pero lo que no se ha resaltado es la presentación que del cardenal Rouco Varela hizo el Presidente de ediciones Encuentro y alma mater de Comunión y Liberación en España, José Miguel Oriol, quien recordó que si Julián Carrón, ahora Presidente internacional de CL lo es, se debe a que el cardenal Rouco Varela le dijo que sí a Juan Pablo II, cuando éste le comentó que don Giussani había indicado quién debía ser su sucesor y pedía el permiso del obispo.

José Miguel Oriol, que con su vida ha sido un testimonio de esa unidad que está en la entraña del carisma de CL, añadió algún argumento más, como el de que las primeras presencias de este Movimiento de Iglesia en España se deben al cardenal Rouco en sus tiempos de joven profesor de Salamanca, cuando se llevó a estudiar a la ciudad del Tormes a alguno de los primeros sacerdotes del Movimiento y cuando enviaba a alguno de los jóvenes españoles a Friburgo con los amigos del movimiento. Eran los años de amistad con los discípulos del profesor Mörsdoff, entre los que se encontraba monseñor Eugenio Corecco. Así se escribe y se puede escribir la historia, que ha sido ratificada en este Meeting en el que daba la impresión que se le agradecía al cardenal Rouco su protagonismo en esta realidad eclesial con un sentido homenaje.

José Francisco Serrano Oceja