Jueves 17/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

¿Un ‘gran cansancio’? ¿Una ‘perenne esperanza’?

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Un coloquio sobre la fe cristiana en la sociedad europea actual, como el que ha mantenido recientemente el cardenal Scola con cuatro directores de periódicos italianos, siempre es una oportunidad para pensar, para considerar tantos aspectos del momento cultural, espiritual que nos toca vivir.

Ya me pregunté en el artículo anterior si la crisis profunda de Fe que, sin duda, padecemos hoy en la Iglesia era exclusiva de los cristianos de Europa, de América del Norte y de Australia. Los datos recientes sobre los sacerdotes en todo el mundo, y los bautizos de adultos en países de Europa y de Asia, me dan pie para responder afirmativamente a la pregunta; y para hacerme las dos interrogaciones que dan título al artículo de hoy.

Scola habló de un "gran cansancio" de la Iglesia en Europa y América del Norte. Cansancio, quizá, porque aparentemente faltan dialogantes, como le sucedió a san Pablo en el areópago de Atenas. Se cansaron sus oyentes de oírle, él no se cansó y con los pocos que creyeren su palabra, creció la Iglesia.

Un "gran cansancio", en realidad, sólo se puede originar dentro de la Iglesia por la debilidad y desorientación de los "pastores", porque desfallezcan en la Fe y no se "conviertan", y permitan actuaciones que desorientan a los fieles. ¿Por qué la "monja" Forcades sigue charlataneando dando ejemplo de desobediencia y mal hacer, además de falta de fe? ¿Por qué se desobedece a Roma con tanta impunidad en cuestiones sacramentales, doctrinales, litúrgicas?

Si un obispo, un arzobispo, un cardenal están "cansados", la 'puerta de la renuncia está siempre abierta. El Espíritu Santo que rige y dirige la Iglesia nunca se cansa. Los creyentes no nos podemos cansar de hablar, y en la medida que crece nuestra Fe en que Cristo es de Verdad la Luz del mundo, descansaremos anunciándolo, con ocasión y sin ella.

¿Una "perenne esperanza"? Sin duda. A san Pablo se le cerraron las puertas de Atenas, y abrió las de Roma, y las de Jerusalén. El Espíritu Santo sopla "donde" quiere; "cuando" quiere, y "cómo quiere", pero no deja nunca de llenar la tierra con su aliento. Y sus señales son patentes:

Mary y Concepta, dos comadronas católicas, han ganado su batalla judicial en Inglaterra, con su objeción de conciencia a participar en cualquier momento de un proceso que pudiera llevar al aborto. Los tribunales en Inglaterra han hecho justicia. Algún tribunal y juez en España siguen haciendo "injusticias".

En Corea del Sur, más de 100.000 adultos se bautizan cada año. Y en China, más de 20.000 siguen sus pasos, en un régimen de persecución y lleno de dificultades y obstáculos para vivir la fe. Y un crecimiento notable de los sacerdotes en toda Asia, en África, en América del Sur. Y en Asia especialmente, una vitalidad verdaderamente pentecostal entre los católicos de Vietnam y de Filipinas, además de Corea.

¿Un "gran cansancio"? Cansada y agotada la "ilustración" y sus seguidores. Se han quedado sin palabra y sin argumentos. Se refugian en la esterilidad –a la que llaman "libertad"- y en la muerte: aborto, eutanasia, uniones homosexuales, etc. etc., Han cerrado la mente al razonar, y el corazón al amor de vivir. San Pablo no se cansará, y seguirá anunciando al Resurrección en otro lugar.

¿Una "perenne esperanza"? Sin duda. El 27 de abril se han ordenado en Madrid 23 nuevos sacerdotes. Hacia años que el número de ordenandos no llegaba a esas cifras. Son necesarios muchos más, ciertamente. La semilla está echada al campo, y es Dios quien da el incremento.

Sin duda, hemos de crecer en la Fe, en la Fe en Cristo Resucitado, y en la Iglesia, que cuida de Cristo Eucaristía.

Ernesto Juliá Díazernesto.julia@gmail.com

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