Jueves 24/04/2014. Actualizado 01:00h

Tribunas

Así se gestó la oración de Zapatero

Ora pro nobis… María Teresa, llama a Carlitos y que convoque una asamblea cristiana, a la comunidad, al rebaño, que tengo que preparar a una oración. María Tersa, dile a los chicos que llamen a los teólogos de nómina, a aquellos que tienen experiencias profundas, abiertas, integradoras con las religiones, al monaguillo zen, al arcediano gnóstico y al irenista que le dimos la cátedra… María Teresa, que no se nos olvide avisar a los teólogos y a las teólogas de la teología indigenista, de la teología de género, de la teología femenina, de la teología ecológica, de la teología inmigrante, de la teología gitana, de la teología de la recogida de fresa en Almería, de la teología del Prestige, de las teologías vecinales, de la teología gay y lesbiana, de la teología nacionalista tripartita, a todos los que recibieron el año pasado las subvenciones, a los que andan entre alardes, a los nuevos y a los viejos, a los niños y a las niñas, los jóvenes y a las jóvenas de los movimientos sociales. María Teresa, dile a Zerolo que no se preocupe, que mi rezo es de género epiceno, y que esté tranquilo que Dios es padre y madre. María Teresa, ya me lo decía el cura de mi colegio, blandito, reza más y juega menos, que con la oración no se juega. María Teresa, ya, a preparar el discurso de mi oración.

Y María Teresa, líder en las relaciones con la oración, siempre ocupada y preocupada, convocó en una gélida tarde de enero a los representantes de las corrientes, de los movimientos, de los grupos, de las facciones, de las federaciones, de las demarcaciones, de las agrupaciones, de la secciones, a los hijos de los cien mil asesores teológicos del Partido, siempre con mayúsculas, en la madrileña calle Ferraz. Aquello parecía una procesión por las calles de Vallecas, de esas que montan las comunidades del progreso social.

Y comenzó la Asamblea, todos en silencio, cogidos de la mano, apretaditos, muy apretaditos, muy contentos de haberse encontrado en torno a un proyecto social, todo muy moderno, guay, chupi, pasada; la primera oración por el líder, por el presidente del gobierno más progresista de la historia, del mundo mundial, por el mago de las constelaciones, cantor del viento, señor de la lluvia y del aguacero, por su hermano José Luis, así, todo muy espontáneo.

Pidió la palabra Juanjo, el sabio más sabio de entre los sabios del nuevo Israel, opresión, liberación, pueblo oprimido, jerarquía militante, revolución, amor carnal, pasión, todos hermanos, viva la Pepa y María José, fraternidad, ilustración, igualdad sexual, que ya se dijo en El País, la Biblia judía y cristiana, los hermanos palestinos, que venga Gregorio y lo vea, que él sabe de ciudadanía universal y de autonomía, y de heteromanía.

Mientras, Pepe, encargado de levantar acta entre compañeros, tomaba nota, nos va a salir una oración muy laica, bendito sea el profeta.

Juani, religiosa en la frontera, de redes y en las redes, en las redes y en la raya, en el límite, en tierra de todos y de nadie, pidió la palabra. Que se enteren los yanquis que el pueblo grita la opresión; el Dios de la justicia, el Dios de Israel, el Dios liberador, Deuteronomio, que yo he recogido hoy y he acompañado al supermercado a un inmigrante y que los americanos, mercado, capitalismo, libertad, sionismo, Israel, no pueden acogerle a él como si fuera un inmigrante; que hable contra los explotadores, contra la teología capitalista de centro comercial; él es el señor de la modernidad y del progreso; profeta de los Derechos Humanos… Todos se levantaron y aplaudieron, vox populi, vox de Zapatero.

Y así trascurría la asamblea, koinonía, comunidad, que preparó lo que se ha denominado, en la historia, la oración que el viento se llevó…

José Francisco Serrano Oceja

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