Miércoles 23/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

De fiestas y domingos

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Los datos oficiales de la Comunidad de Madrid contrastan con la percepción que muchos tenemos al caminar por las calles del centro de la Villa.

Al parecer, el pequeño comercio prospera, en vez de ir cerrando aquí y allá, y de incrementarse los anuncios de "local disponible". Pero la Comunidad justifica un nuevo decreto sobre domingos y festivos de apertura comercial. Durante el año 2012, los establecimientos podrán abrir al público un total de veintidós domingos y días festivos.

Tiene sentido facilitar las compras en diciembre, por las campañas de Navidad y Reyes. Pero no parece que el futuro deba incluir una liberalización total de horarios, como se viene anunciando desde instancias oficiales.

Se planteó hace un par de años en la Unión Europea, y Bruselas concluyó que era competencia de cada Estado miembro. Y la línea de dos "locomotoras" parece ir en contra de la de Madrid. Ya veremos la decisión de la Organización Internacional del Trabajo, que incluye la cuestión en su próxima asamblea general de junio en Ginebra.

Leí en La Croix del 5/5/2011 un expresivo reportaje titulado "Resistencia al trabajo dominical". Recuerda que, a pesar de las reformas legislativas –no se olvide el centralismo del Hexágono‑, el avance no ha sido espectacular, excepto en municipios turísticos, de acuerdo con la autorización global introducida por la ley Mallié de 2009. Se ha producido una auténtica resistencia organizada para limitar la extensión del trabajo en días festivos. Iglesias y sindicatos se unen en este punto para evitar que el ciudadano sea reducido a la categoría de mero consumidor.

Han aparecido las que se conocen como "guerrillas del domingo", que se declaran en huelga y protestan en los aparcamientos junto a los centros comerciales. Una de sus razones es: "Ya trabajamos el sábado. El domingo es el único día en que podemos programar actividades familiares".

Según las autoridades laborales francesas, en 2009, antes de la ley Mallié, cerca del 28% de los asalariados trabajaba en domingo, un 12% de modo habitual. Con la norma se venía –dicen‑ a legalizar la situación de otros que estaban al margen de la ley.

Un año después de su entrada en vigor, Le Monde publicaba un reportaje titulado "la ley sobre el trabajo dominical ha reforzado las desigualdades entre los asalariados". A juicio del sindicato de orientación cristiana, CFTC, la norma es injusta: no ha operado una generalización de las excepciones; sí, discriminaciones y promesas no cumplidas. Las principales víctimas serían las mujeres y los trabajadores más precarios: si protestan, pierden el empleo, o sufren acosos. Otros lo aceptan –así, los estudiantes universitarios‑, simplemente porque ganan más. Pero los sindicatos recuerdan que la generalización acabará provocando la disminución de los pluses: trabajarán más por menos, mal que le pese a Sarkozy.

Se comprende que el Senado diera luz verde el pasado diciembre a una proposición de ley del grupo comunista, para garantizar el derecho al descanso dominical. No deroga la ley Mallié de 2009, pero pretende corregir sus excesos. Por ejemplo, prevé que sólo puedan abrir la mañana de los domingos los establecimientos de alimentación de menos de 500 m². El objetivo central es mantener el carácter excepcional de las autorizaciones, para no banalizar el trabajo dominical y convertirlo en regla.

Por su parte, el Tribunal Constitucional alemán, en diciembre de 2009, declaró parcialmente anticonstitucional la legislación sobre apertura de comercios minoristas en domingo establecida en Berlín. Los jueces de Karlsruhe consideran que esa apertura –las tiendas pueden abrir diez domingos al año, entre ellas los cuatro previos a la Navidad‑ viola la protección del domingo como jornada de descanso, que figura en la Constitución alemana.En el fondo, la extensión del comercio en domingo, despoja a la sociedad del sentido de la fiesta, fundamentalmente de origen religioso. No parece haberlo pensado mucho Mariano Rajoy, al proponer la "racionalización" de fiestas y puentes.

Mi sugerencia es no trasladar, sino reducir el número total de fiestas, especialmente las de nuevo cuño: por ejemplo, esos dos días nacionales como el 12 de octubre y el de la Constitución. Si no me equivoco, están previstas 14 fiestas al año: 11 generales, algunas opcionales; una, comunitaria; dos municipales. Bastaría un patrono por localidad, y se podrían reducir las estatales, evitando el "baile" de las fiestas sustituibles (salvo Reyes). Desde luego, sobran "ocurrencias" que contrastan con antiquísimos sentimientos nacionales.

No se trata sólo de proteccionismo comercial, aunque, como escribía La Vanguardia el 7/11/2011, "está demostrado que en los países en los que no existen restricciones a la libertad de horarios y a la apertura en festivos, el pequeño comercio de proximidad desaparece y se imponen en solitario las cadenas de grandes superficies y franquicias". El problema es más de fondo:

la faceta humana –sin excluir la religiosa‑ del descanso dominical debe prevalecer sobre consideraciones puramente mercantiles.

“Somos
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