Martes 22/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El factor religioso en Costa de Marfil

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Las sucesivas crisis de Costa de Marfil muestran la difícil salida de las dictaduras. Félix Houphouet Boigny presidió el país desde la independencia en 1960 hasta su muerte en 1993. Gobernó bien, utilizando adecuadamente la riqueza nacional del primer productor mundial de cacao. Pero no aceptó la menor oposición política. Su gran basílica en Yamassoukro, clon de san Pedro en el Vaticano, aunque dedicada a Nuestra Señora de la Paz, sigue siendo un símbolo de barro.

El sucesor de FHB, Henri Konan Bédié, fue derrocado en 1999 por el golpe militar de Robert Gueï. Ganaría luego unas elecciones, pero el socialista Laurent Gbagbo, que había vivido en el exilio, desencadenó una gran inestabilidad, que obligó a Gueï a huir. Tras el fallido golpe de 2002, Costa de Marfil se dividió en dos, y no se cumplieron los acuerdos firmados en 2003 en Marcoussis, cerca de París.

El presidente Laurent Gbagbo torpedeó los acuerdos. Un informe de la ONU denunció a los escuadrones de la muerte, formados por una milicia de la etnia de Gbagbo y gente próxima a su guardia personal. Además, un alto responsable de Naciones Unidas acusó implícitamente a los rebeldes de reclutar niños soldados. Desde entonces se sucedieron las manifestaciones populares, organizadas desde el poder. También se produjeron turbulencias tras el asesinato por “hombres de uniforme” de un actor de televisión.

Juan Pablo II hizo en 2003, desde la Plaza de san Pedro, una llamada solemne a la reconciliación y a la concordia, con la esperanza de que fueran adelante los esfuerzos de quienes optaban por la unidad del país y el respeto de la legalidad. Parecía precisa una respuesta de fondo que volviese a mostrar la generosidad de un pueblo que había sufrido mucho, con un elevado número de víctimas mortales, desplazados y refugiados.

La Conferencia episcopal marfileña estuvo siempre por la paz y la concordia, y en contra de la “mentira, injusticia e impunidad” de la vida pública. En 2003, los obispos deploraban amargamente la crisis de la verdad: “en nuestro país se puede lanzar un golpe de Estado sin saber nunca quiénes son los autores y los inspiradores; se puede descubrir una masacre sin llegar a conocer nunca quién la planificó y ejecutó”.

Desde luego, nunca hubo allí conflictos étnicos ni interreligiosos. Lo recordaba recientemente un manifiesto publicado en “Le Monde” por profesores universitarios del mundo entero, con el título “Laurent Gbagbo, chef ethnocentriste”. Recuerda que en Costa de Marfil no hay odios atávicos entre grupos étnicos, ni entre autóctonos y extranjeros, ni entre norteños y sudistas, ni menos aún entre cristianos y musulmanes. Al contrario, allí existe un mestizaje antiguo. Hablan de un “melting-pot transétnico, cosmopolita y pluriconfesional”. No es fácil imaginar quién iría contra quien en una hipotética guerra civil.

En ese contexto, el bando de Gbagbo manipuló la referencia negativa de los obispos católicos en su llamamiento al apaciguamiento y al diálogo publicado el 3 de enero , a una posible intervención militar de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO). De hecho, Agustín Obrou, portavoz de la Conferencia Episcopal marfileña salió al paso de la que consideró hábil propaganda contra los obispos por parte de los partidarios de Alassane Ouattara, con acusaciones injustas ligadas a actividades económicas y obras públicas.

Algunos aluden a los evangélicos como “ejército religioso” de Laurent Gbagbo. Parece una exageración, aunque existe una relación compleja de los movimientos pentecostales evangélicos con el presidente. Y no falta en momento de crisis tentaciones de apoyarse también en elementos religiosos para consolidar el poder.

A juicio de un antropólogo marfileño, Bony Guibléhon, gracias a los esfuerzos de los líderes de las diversas confesiones, se ha impedido que se dé en Costa de Marfil una guerra abiertamente religiosa. Reunidos en el Foro de Confesiones Religiosas establecido en 1995, en vísperas de nuevas tensiones socio-políticas, han jugado un papel importante en el fortalecimiento de las relaciones entre musulmanes y cristianos, y también en la mediación de la crisis.

Salvador Bernal

Nota: He escrito sobre el conjunto de la situación en Aceprensa. Una página que informa bien es www.abidjan.net.

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