Lunes 25/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El ejercicio del primado de Pedro

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El Papa Francisco sigue ocupando los titulares, las informaciones y los comentarios en los medios, y las conversaciones en la vida ordinaria. No parece que vayamos a despegarnos pronto de este tsunami que tiene el nombre de Francisco. Como si no nos quisiéramos ir de Roma. Lo que allí está ocurriendo tiene una especial capacidad para atraer la atención, fascina por su sencillez y por la autenticidad, que genera ruptura con lo previsto o ya sabido.

Nuestro Papa, en pocos días, ha superado el imaginario de los Papas de la ficción, de los que se calzan las sandalias del pescador o de los que dejan a Roma sin Papa. Llega el momento de prestar atención no sólo a la música. Vayamos a la letra, teniendo en cuenta que la tarjeta más acreditada de la forma en el ejercicio del ministerio de Pedro es la de la radicalidad evangélica.

En el magnífico libro comentario a las consideraciones de la Congregación para la Doctrina de la fe, editado en español por Palabra, en 2003, con comentarios de R. Pesch, R. Minnerath, P. Rodríguez, F. Ocáriz, P. Goyeret, A.M. Sicari y N. Bux, encontramos algunas pistas relevantes sobre lo que significa, desde la encíclica "Ut unum sint", "una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva".

En este sentido, Fernando Ocáriz recuerda, al final de su trabajo, lo que dice el documento de la Congregación: "Solo el Papa (o el Papa con el Concilio Ecuménico) tiene, como Sucesor de Pedro, la autoridad y la competencia para decir una última palabra sobre las modalidades de ejercicio de su propio ministerio pastoral en la Iglesia universal".

Esa modalidad del ejercicio del ministerio de Pedro basado en la radicalidad evangélica, y en la renovación de las formas de esa radicalidad por el Papa, permite un momento posterior de retorno a lo esencial en la Iglesia. Hablar de la radicalidad evangélica en un Papa es una tautología. Pero no lo es si nos fijamos en la forma. Y ahí radica la revolución del Papa Francisco.

Estamos ante una oportunidad única para explicar a quienes se preguntan los porqués del Papa Francisco el sentido de la Iglesia y la naturaleza del cristianismo. Además, tenemos sus palabras, un referente que no necesita de más teología que la de la experiencia hecha vida. Palabras directas, que sorprenden y generan inquietud.

No es baladí que en las dos primeras intervenciones el Papa haya citado al diablo, o que haya dicho que la Iglesia no es una ONG piadosa. Como tampoco lo es que en sus discursos encontremos el ingrediente de la espontaneidad que hace su intervención, si cabe, más persuasiva.

El Papa Francisco rompe moldes. ¿Por qué va a ser el único?

José Francisco Serrano Ocejajfsoc@ono.com

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