Viernes 02/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Los discípulos de Giussani

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Más que hablar directamente de Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación, en estos días en los que vuelve al protagonismo de los suyos al conmemorarse la fecha de su fallecimiento, lo voy a hacer refiriéndome a un amigo suyo, a un discípulo suyo, a una persona que no es conocida por el gran público, pero que es quicio histórico de la presencia de esta realidad eclesial en España. Me refiero a Jesús Carrascosa, que con su mujer Jone, y con el matrimonio Oriol, fueron los artífices de una pequeña, ahora grande, revolución eclesial en los turbulentos años sesenta y setenta del siglo pasado. Y lo voy a hacer de la mano del prólogo que Carrascosa ha escrito para una renovada edición del libro de don Giussani, “Huellas de la experiencia cristiana”. Quien quiera entender algo de la historia de Comunión y Liberación en España, incluso de la historia de la Iglesia en la España contemporánea, debe transitar por entre esas líneas.

Y es que en el citado pórtico, en una especie de nuevas confesiones, Jesús Carrascosa –a quien debo una de las noches más apasionantes que pasé en animada tertulia romana hace ya algunos años- escribe: “Nosotros habíamos vivido una experiencia anarco –cristiana (si se puede llamar así) única. Teníamos y conservábamos una gran capacidad para vivir un ideal, hasta el punto de dejarlo todo y vivir, porque así lo queríamos, diecinueve años en una chabola de treinta y dos metros, hasta que se hizo la famosa expropiación de Palomeras en Vallecas. Allí, y sobre todo trabajando en la editorial ZYX, donde todo era de todos, donde vivíamos a nivel de laboratorio el ideal: “De cada uno según sus capacidades y a cada uno según sus necesidades””.

Me da la impresión de que a ningún gran historiador de la Iglesia se le ha ocurrido pensar que la historia de la nueva fuerza del catolicismo contemporáneo nació en Palomeras, en Vallecas. Ya no es sólo la experiencia de Kiko Argüello, también lo es de los primeros españoles que vivieron y convivieron con Luigi Giussani, quienes pasaron por el mayo del 68 del cristianismo y descubrieron, en este caso, que un cristianismo enfermo de gravedad por el dualismo sólo conducía a la muerte. A quienes tildan las nuevas realidades eclesiales de conservadurismo nacional-católico y demás patrañas habría que darles un paseo por esa bella historia de Palomeras… Fueron estos jóvenes los que buscaron y encontraron. Y así una cadena que se repite en la historia.

José Francisco Serrano Oceja