Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

¿Qué dijo el cardenal Rouco en Siria?

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Sólo en los medios internos de la Iglesia se ha oído algo de lo que el cardenal Rouco Varela, legado pontificio para la clausura del Año santo Paulino, ha dicho en Siria. Acompañado de monseñor Fidel Herráez, uno de los obispos de los que habrá mucho que hablar en un futuro, trabajador incansable, fiel y bueno, acogedor, hombre de comunión, en permanente servicio, gozne de la Iglesia en Madrid, el cardenal Rouco pronunció una serie de discursos que no sólo sirven para esa secular Iglesia apostólica, también pueden leerse para el presente de España. No fue una casualidad que Benedicto XVI eligiera al cardenal Rouco para esta misión apostólica; y no es casual lo que el cardenal dijera en los diversos actos. Como dato de contexto no debemos olvidar que hay un arzobispo en España, el de Granada, monseñor Javier Martínez, que es un especialista mundial en la cultura siríaca y en Efrén de Nisibe, o el Sirio, referente de la patrística oriental, doctor de la Iglesia universal, declarado como tal por Benedicto XV el 5 de octubre de 1920.

Quizá el discurso que más relevancia tenga de los pronunciados fue el encuentro con el Presidente de la República Árabe de Siria, Bashar Al Assad, ocurrido a las 10,00h del día 29 de junio en Damasco. Allí, el arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española centró su intervención en la libertad religiosa y en la contribución de los católicos al bien común ¿Les suena de algo? Dijo el cardenal Rouco que la cooperación entre musulmanes y cristianos tiene su ámbito propio en la vida social y civil de nuestros pueblos. “La fe que profesamos –señaló- no nos separa de las circunstancias que los hombres de nuestro tiempo están llamados a vivir, sino que nos empuja a colaborar con todos para instaurar una vida social en la que la libertad y la justicia fomenten concretamente el bien de la paz. La fe religiosa no es un obstáculo para una participación plena en la vida pública, sino que, por el contrario, constituye la fuente de una responsabilidad más consciente y capaz de actuar”.

Sus intervenciones estuvieron cargadas de realismo, en un país en el que aparentemente no existe una persecución formal a los católicos. “La presencia y la convivencia efectiva en esta tierra de los hombres del Islam y del Cristianismo manifiestan con claridad la centralidad de la libertad religiosa en la vida social y pública de nuestros pueblos. La libertad religiosa, como recordó en distintas ocasiones el venerado Siervo de Dios Juan Pablo II, constituye –por así decir– el núcleo y el emblema de todos los derechos humanos. La defensa de la libertad religiosa en todo el mundo es un campo privilegiado de colaboración y trabajo común entre cristianos y musulmanes”, afirmó el cardenal.

 

José Francisco Serrano Oceja