Miércoles 07/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La difícil lucha contra el hambre en el mundo

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Las previsiones de Malthus sobre el avance inverso de la población mundial y los alimentos no se han cumplido. Estos días, organismos de la ONU han publicado informes demográficos y alimentarios, que no están tampoco en relación mutua. Pero ambos confirman la tendencia al envejecimiento, por una parte, y por otra, la dificultad de erradicar el hambre en el planeta a pesar del progreso. Son algunos de los aspectos que se tratarán esta semana en Nueva York, en el contexto de la revisión anual de los “objetivos del milenio”, establecidos en Doha hace diez años, cada vez más difíciles de alcanzar antes del previsto 2015.

De todos modos, a pesar de la dificultad de analizar estadísticas que no siempre utilizan parámetros comparables, siempre es preferible recibir la noticia de que al fin bajó en 2010 el número de personas que pasan hambre en el planeta. La información procede de la FAO, que habla de 925 millones de personas, cifra ciertamente “inadmisible”. Al menos, está por debajo de la barrera simbólica de los mil millones.

Las razones de este primer descenso en quince años estarían en una coyuntura económica favorable y en el descenso de los precios en los mercados internacionales y nacionales. Ahora, la dramática situación de Ucrania y Rusia vuelve a amenazar con un retroceso.

El mayor número de personas que sufren el hambre sigue en la región Asia-Pacífico, con 578 millones, aunque ha tenido un descenso del 12% respecto de 2009. Proporcionalmente, como en casi todo, lo peor está en el África subsahariana: el 30% de su población está subalimentada. Dos tercios se encuentran en solo siete países: Bangladesh, China, República del Congo, Etiopía, India, Indonesia y Pakistán.

La FAO ha repetido muchas veces en sus informes las causas principales de esta situación: condiciones climáticas desfavorables, restricciones indebidas del comercio internacional, inestabilidad política, guerras civiles. La permanencia de la pobreza se debe “a una falta de voluntad política” de los Estados. No obstante, después de años, los problemas de la agricultura vuelven a estar en el orden del día de los organismos que reúnen a las grandes potencias, y se tiene cada vez más conciencia de la necesidad de la cooperación en la luchar contra la miseria, como se comprobó en la cumbre de L’Aquila en 2009.

La gran prioridad sigue siendo la disponibilidad de agua potable, que en África alcanza sólo al 7% de las tierras cultivables, frente al 34% en Asia. Para la FAO, ése debería ser el gran objetivo del apoyo internacional, junto con transferencias técnicas que intensifiquen los cultivos, aumenten la producción y faciliten semillas de mayor rendimiento.

Por otra parte, ante la urgencia de hambrunas –algunas endémicas, comos las de Etiopía o Corea del norte , lo difícil es financiar el almacenamiento y transporte de las ayudas. El Programa Alimentario de la ONU se ocupa únicamente de distribuir grano, soja y alimentos no perecederos, que dispongan de certificado médico-sanitario del país donante, de la aceptación previa de la mercancía por el gobierno receptor, y de cobertura financiera total.

“De aquí a diez años, ningún hombre, mujer o niño se acostará con hambre”, afirmó solemnemente en 1974 Henry Kissinger, entonces secretario de Estado norteamericano. Treinta y cinco años después, en noviembre de 2009, la Cumbre mundial sobre la alimentación se abstuvo de fijar un plazo para erradicar el hambre en el mundo, aunque los trabajos preparatorios pensaban que la declaración final lo situase en 2025.

Para lograr esos ambiciosos objetivos, habrá que seguir insistiendo también en la lucha contra la corrupción y en el fomento de buenas prácticas de gobierno. Así se comprueba al comparar países de una misma área, pero con experiencias políticas diversas: cuando han desaparecido dictaduras totalitarias y se han derogado leyes que restringían la libertad y la iniciativa de los ciudadanos, el problema del hambre ha entrado en vías de solución, siempre sobre la base de una cooperación internacional inteligente y generosa.

Salvador Bernal