Miércoles 18/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La declaración de los Rabinos

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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El pasado mes de mayo tuvo lugar el primer encuentro Internacional entre Rabinos, Cardenal y obispos, organizado por el Camino Neocatecumenal, en la casa Domus Galilea, con motivo del cincuenta aniversario de la Declaración del Vaticano II “Nostra Aetate”.

Siete cardenales, veinticinco obispos, y más de ciento veinte rabinos de todo el mundo, se reunieron para rezar y asentar las bases del diálogo frente a una serie de retos comunes, como puede ser la relación entre la misión salvífica del pueblo judío y de la Iglesia en el mundo de hoy; la transmisión de la fe; la relación entre la antropología judía y la cristiana; o el surgimiento del antisemitismo y el fundamentalismo xenófobo.

Pasados unos meses, ahora, nos llega la Declaración de este encuentro, que bien merece ser leída atentamente y en su redacción íntegra que ofrezco a los lectores tal y como la ha hecho pública el Camino Neocatecumenal:

“En el futuro, cuando los hijos de Esaú son movidos por el puro espíritu de reconocer a la gente de Israel y sus virtudes, entonces nosotros también seremos movidos a reconocer que Esaú es nuestro hermano” (Netziv sobre Gn 32, 4)

Nosotros, rabinos y otros líderes judíos de todas las denominaciones, nos hemos reunido con siete cardenales, veinticinco obispos y muchos sacerdotes y líderes laicos de la Iglesia católica. Pasamos juntos cuatro días en la Galilea por iniciativa de Kiko Argüello y el Camino Neocatecumenal para discutir, intercambiar ideas y experiencia y para expresar el amor, el respeto y aprecio que sentimos uno por el otro.

Después de casi dos milenios de odio y desconfianza mutua y cincuenta años de Nostra Aetate, que inició el proceso de diálogo y confianza, creemos que es hora de dar la oportunidad histórica de hacer la voluntad de nuestro Padre en el Cielo (laasot ratzón avinu Shebashamayim) para aceptar la mano, ofrecida por nuestros hermanos y hermanas cristianos para trabajar en verdadera asociación hacia la reparación y la perfección del mundo (Tikkun Olam).

La Shoah, que terminó hace 70 años, fue punto culminante del rechazo, combates, falta de respeto y desprecio continuo entre los judíos y los cristianos. Mostró el fracaso tanto por parte de judíos como cristianos en poder entablar un diálogo constructivo para el bien de toda la humanidad.

Reconocemos que el enfoque católico hacia el judaísmo ha cambiado enormemente e irrevocablemente. Nostra Aetate rechaza claramente cualquier forma de antisemitismo, reconoce la eterna alianza entre Dios e Israel, rechaza el deicidio y acentúa la relación única hacia los judíos, que fueron llamados “padres en la fe” por el Papa Juan Pablo II. Sobre esta base se encuentran los católicos en las últimas décadas.

Nosotros los judíos hemos experimentado hoy el verdadero amor y el cuidado por parte del Camino Neocatecumenal y por parte también de muchos otros católicos. RECONOCEMOS QUE EL CRISTIANISMO NO ES UN ACCIDENTE O UN ERROR, SINO UN RESULTADO DESEADO Y UN DON PARA LOS DEMÁS, como es la separación de ambas religiones. Pero Dios quiso una separación de nosotros como socios, mas no como enemigos. Ninguno de nosotros podemos lograr Tikkun Olam solos. Así como los cristianos reconocen la alianza eterna entre Dios e Israel, nosotros, judíos, debemos reconocer la validez constructiva en curso del Cristianismo. Ambos judaísmo y cristianismo en su núcleo, tienen un mensaje común, una meta y una misión que es, traer a Dios al mundo y lograr Tikkun Olam.

Nosotros entendemos los miedos y reservas por parte de ambos lados en afirmar esta verdad, pero hacemos un llamado a nuestras comunidades para superar estos temores y establecer una relación de confianza, de amor y de respeto.

Nosotros, judíos y cristianos, tenemos muchas más similitudes que diferencias: el monoteísmo de Abraham, la relación con el Único Creador, quien ama y cuida de todos nosotros, la Escritura, la creencia en una tradición de unión, los valores de la familia, de la vida, del amor y de la justicia. Esto no está destinado a minimizar las diferencias y contradicciones en curso entre las dos comunidades y religiones.

Para los cristianos esto significa cumplir el mandato y reconocer abiertamente el pluralismo de la aparición de Dios en diferentes comunidades y entender que esto no socava la universalidad de Jesús, tal como es entendido por los cristianos.

Para nosotros, judíos, esto significa afirmar el rol del cristianismo en Tikkun Olam, tanto físico como espiritual. Consecuentemente, tanto judíos como cristianos deben ofrecer conjuntamente modelos de servicio y testimonio del amor, del amor incondicional que muestra a los humanos su santidad, ya que son creados en la imagen de Dios.

Esto también significa que los judíos y cristianos serán firmes en la Alianza participando activamente en la redención del mundo”.

 

José Francisco Serrano Oceja

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