Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

¿Cómo debemos recibir al Papa?

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Lo importante de la visita del Papa no es sólo ni como se prepara, ni como comienza, sino como termina, y lo que viene después de que acabe. Máxime si pensamos que la presencia del Papa en España se inicia el sábado y concluye allá por el caluroso mes de agosto, en un madrileño Parade de esperanza juvenil. El Papa viene a España, y a una Iglesia en España, para arrancar un tiempo nuevo en la Iglesia y para la sociedad. Un tiempo que no sabe de protagonistas estelares, de contenidos relevantes y de acciones destacadas, pero que, sin duda, traerá un nuevo espíritu. No debemos olvidar que la primera visita de Juan Pablo II a España tuvo como fruto el primer Plan de pastoral de la Conferencia Episcopal española, con lo que se inició un camino -hoy prácticamente agotado por los signos de los tiempos- en el que la común unión de la confesión de fe, de esperanza y de caridad se hacía visible. La próxima Asamblea Plenaria se celebrará bajo la sombra de la alargada visita del Papa. Y la siguiente, allá en las miles de primaveras, elecciones a Presidente de la Conferencia Episcopal.

Por más que se empeñen los intérpretes de sí mismos, para entender al Papa y la visita a Santiago y a Barcelona hay que estar muy atentos a la realidad y no partir de un pre-juicio y esperara a que Benedicto XVI lo confirme, lo niegue o lo obvie. No son pocos los que piensan que el Papa viene a aquietar o a dar la razón a tal o cual cardenal, o a tal o cual tesis social y eclesial. El Papa, que si por algo se caracteriza es por su libertad fundamentada en el ejercicio de una razón plena, gracias a Dios, no encaja en los perfiles al uso. Los medios de comunicación, y algunos, no sé si muchos o pocos, quizá los de siempre de entre la clase de los opinadores, –en inglés queda más fino-, pretenderán el siempre sano de ejerció de interpretar, en un mundo que es todo interpretación. Interpretar un cambio en las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno, que no va más allá del tiempo muerto en el que nos encontramos.

Y para interpretar a Benedicto nadie mejor que Joseph Ratzinger. Es quizá el momento de recuperar de las bibliotecas el libro “Benedicto XVI. Todo lo que el Cardenal Ratzinger dijo en España”, editado por la Conferencia Episcopal Española en 2005, con prólogo de su entonces presidente monseñor Ricardo Blázquez. Una magnífica guía para lo que pasará este fin de semana.

José Francisco Serrano Oceja