Viernes 18/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Los curas están de moda

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La Conferencia Episcopal, o la Conferencia de y para las campañas eclesiales, o la Conferencia de la coordinación de las campañas, ha lanzado una con motivo del Seminario que ha merecido titulares, noticias y comentarios a diestra y siniestra, que digo bien.

Si de lo que se trata, pragmática eclesial a fondo, es que hablen de uno, aunque el eximio columnista de ABC, Martín Ferrán, no lo entienda, pues el ciento por uno y la vida eterna. Pero cabría pensar que no se trata sólo de eso. Máxime cuando estamos en un mundo y en un sistema tecnomediático, -esto va en honor del tecnosistema del humanismo cívico del maestro Alejandro Llano-, en el que rige la ley del reduccionismo por excelencia.

El hecho de que, en la noche de autos de presentación de la campaña, circulara un correo ofreciendo más datos que los del book de la estrategia ofrecía, no fue un buen síntoma. Lo que hay que evitar a toda costa es que no se entienda lo que se hace, por qué se hace y, sobre todo, cómo se hace, disciplina sobre lo contingente de difícil digestión. El sacerdocio, y los sacerdotes, es un tema, donde los haya, delicado en la Iglesia. Máxime en una sociedad como la nuestra que combina sensibilidades múltiples no siempre coherentes ni compactas. Indudablemente hubo quienes se lanzaron al punto de inflexión y utilizaron la famosa regla hermenéutica de que todo texto, fuera de su contexto, se convierte en un pretexto, para pretextuar la campaña.

No debemos olvidar que en España nos encontramos con el cruce de caminos de unas generaciones sacerdotales que viven en la intemperie cultural, social y, en no pocas ocasiones, eclesial. Generaciones que no siempre interpretan sinfónicamente la partitura, pero que son la razón y la tesis práctica de una forma de existencia. Cualquier homenaje al sacerdote, en la Iglesia y en la sociedad, es poco.

La idea de la campaña del día del Seminario era muy buena. La factura, no la desmerecía. Y por eso el ruido suena peor. Era buena, entre otras arzones, porque ya estaba probada. La serie My feelings, que es su referente y en la que se basa, había hecho las delicias de muchos y había inaugurado una nueva estética de comunicación viral sobre la propuesta cristiana en consonancia con el tirón, y como preparación, de la JMJ. Sin embargo, aquí se ha introducido en el espacio de lo institucional y se ha complicado la historia. Lo institucional, en la Iglesia en España, levanta pasiones. Algunas no muy santas.

De todos modos, como diría L. Gomis, la noticia lo es porque produce comentarios. Es el momento de aprovechar los comentarios sobre la campaña para añadir y reorientar el criterio de fondo, el del lema, que probablemente haya pasado inadvertido: la pasión por el Evangelio de los sacerdotes, que la hay y mucha, y que es lo que arrastra.

José Francisco Serrano Oceja

jfsoc@ono.com

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