Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

De comuniones y excomuniones

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El asunto de nuestro tiempo, y probablemente de los próximos artículos, es la comunión; la excomunión, que dejaremos para más adelante, o la vida de la comunión, que es a lo que nos dedicaremos ahora. Los lectores de Religión confidencial sabían ya, desde hace semanas, que el jesuita Elías Royón estaba en la cabeza de las quinielas de candidatos a presidir la CONFER. Y así ha sido. Enhorabuena para un clásico entre los clásicos. Sin embargo, merece la pena que dediquemos unas líneas a construir la comunión, que ya vendrán días para seguir hablando de la excomunión.

Monseñor Jesús Sanz Montes, obispo, franciscano, presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada de la CEE, especialista en Iglesia de altura, con Picos nevados en la Europa del mañana, presidió la homilía de apertura de la XVI Asamblea General de la CONFER, recién celebrada. De su boca salieron palabras tales como las que ahora reproducimos y que no necesitan más comentario:

“Y en esta confidencia de deseos, pidiendo a Dios que nos dé esa vida abundante siendo nuestro Pastor bueno, puedo deciros –permitidme esta licencia- que cada año que vengo aquí a vuestra Asamblea General, me viene de pronto la necesidad mientras os miro de desmentir palabras que otros ponen en mis labios, o intenciones que otros colocan en mis manos. Y tanto a mí como a mis hermanos Obispos, nos dibujan como si fuéramos una especie de caciques conspiradores que tiene en el punto de mira a la vida religiosa a la que ni aprecian ni la dejan vivir, cuyo máximo objetivo es tenerla bajo control.

(…) Por alguna razón se pretende escenificar un perfil nuestro como Obispos, que al igual que se dice de la Iglesia entera, somos anacrónicos, enemigos del progreso, temerosos de la libertad y amantes sólo de la gran disciplina. Obviamente a vosotros os dibujan con los colores contrarios, en cuyo contrapunto definido como profético, audaz, valiente, comprometido, periférico e indomesticado, y así nos enfrentan para jalearos diciéndoos que no os arrodilléis ante nosotros, que no cedáis, que sigáis siendo el reducto de libertad”.

Se podrá decir más alto, pero más claro, imposible.

José Francisco Serrano Oceja