Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La comunicación no es el secreto

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Benedicto XVI ha desinflado las ínfulas de la campaña contra la Iglesia, al menos en la enésima embestida, no aplicando, precisamente, las técnicas, tácticas, estrategias de la comunicación de crisis al uso. Contra la mentira, contra la difamación, contra la orquestación de argumentos y argumentarios, la serena palabra sobre el sentido de la historia. Portugal es transparencia. Benedicto XVI ha colocado la inmundicia de la potestad de las tinieblas en la escatología, que no en el Apocalipsis. Fátima, el primer secreto, el segundo, el tercero, el cuarto que no existe, es la historia más allá de la historia; es la presencia de la penitencia, palabra que aprenderán los medios a conjugar, en el cóctel de la purificación. En el corazón de la Virgen de Fátima colocó Juan Pablo II la bala que atravesó su cuerpo; en el corazón de la Virgen de Fátima ha colocado Benedicto XVI la lanza del pecado de los miembros de la Iglesia, que ha traspasado su corazón y su razón. La razón traspasada del Papa razón.

Coincidían los días de la visita apostólica del Papa a Portugal con un encuentro de Facultades Católicas de Comunicación de España, en la anfitriona Universidad Francisco de Vitoria. Dos jornadas de catarsis, bajo la atenta mirada de la Comisión Episcopal de Medios, de la Conferencia Episcopal Española, y de su obispo arzobispo destacado, monseñor Joan Enric Vives. Intervino el secretario del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, monseñor Paul Tighe.

En romance paladino, el problema no es de la comunicación. ¿Dónde está el problema? No hay comunicación sin decisión sobre la comunicación; no hay comunicación sin antropología sobre la comunicación; no hay comunicación sin sociedad, ¿de qué sociedad hablamos? No hay comunicación sin Iglesia, y sin estructuras-instituciones de Iglesia, ¿de qué Iglesia y de que instituciones, organismos, comités, consejos, comisiones hablamos? No hay comunicación sin lo que se tiene que comunicar y sin saber cómo se comunica. No hay comunicación sin comunicadores, pero tampoco sin obispos que sean comunicación. Más de media docena de Facultades de la cuestión de la Iglesia, o de inspiración católica, desde hace veinte años, y seguimos haciéndonos las mismas preguntas que hace años.

Un sencillo ejemplo, veinte años de reflexión sobre la articulación televisiva de la comunicación de la Iglesia en España y estamos a punto de tener que marcharnos a Fátima, aunque sea en diferido, y esperar a recibir un nuevo secreto, imaginación o visión. Así estamos.

José Francisco Serrano Oceja