Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

La clave, en la Plaza de Lima

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

La clave de lo que ocurrirá en la plaza de Lima de Madrid, el próximo domingo, no está en los números, ni en la cantidad de cardenales y obispos asistentes, que si muchos o pocos, que si más o menos significativos; ni en el cómputo de las familias, ni de los policías municipales, voluntarios, repartidores de periódicos o paraguas, en previsión de una más que sospechada inclemencia metereológica.

La clave de lo que vamos a vivir el próximo domingo no se encuentra en las consignas que supuestamente algunos medios habrán recibido de las terminales del gobierno a la hora de interpretar. Ya lo decía el filósofo, ya no existen los hechos, sólo existen las interpretaciones. No vayamos a buscar la clave en el apuntado silencio previo y posterior de los cardenales y obispos europeos, por eso de que conviene darse cuenta de que la unidad de la Iglesia demanda una sola voz, un solo mensaje, un solo Señor y un solo Dios y Padre.

No perdamos mucho tiempo en conocer las claves ocultas de la idea, de la permanencia de la idea, del protagonismo del Camino Neocatecumenal, y de su iniciador, Kiko Argüello, que quizá sólo en Madrid ha tenido la acogida al eco de su locución profética de la necesidad de dar un testimonio público de la vida de la familia cristiana. La clave no está en las miles de horas de generosa entrega, esfuerzo, sudor, y algunas lágrimas, de los voluntarios de la archidiócesis y de los miembros de las comunidades neocatecumenales y de otras realidades de Iglesia, que han desarrollado un auténtica misión por la familia cristiana, preparatoria al encuentro. La clave, por tanto, no está en la cantidad, sino en la calidad, como diría un escolástico, por más que los medios nos empeñemos en ser administradores de lo ajeno y contables de lo impropio. Lo importante, decimos, no es el número, es la especie.

Nos veremos en la Plaza de Lima, el próximo domingo, para celebrar la fiesta de la familia cristiana, que es como celebrar lo obvio ante una circunstancia, y un tiempo, de silencio sobre lo esencial. Será una fiesta de la antropología, es decir, del hombre en su más íntegro y pleno sentido. La clave, por tanto, será la pasión de Dios por el hombre, que hizo posible la pasión definitiva del hombre por Dios.

Por muchas razones pasará el cardenal Rouco Varela a la historia como arzobispo de Madrid. Una de ellas, sin duda, será por haberse convertido en el anfitrión de la más grande fiesta familiar de las navidades europeas, la celebración del día de la familia cristiana en la capital de España. La santa audacia del cardenal Rouco a la hora de articular y dar forma a una necesidad humana y cristiana será semilla que crecerá, un día, con la evidencia de haber celebrado una fiesta tan humana como cristiana.

 

José Francisco Serrano Oceja