Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El cardenal Newman y España

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Benedicto XVI se está acercando al Reino Unido al tiempo que nos está introduciendo en la vida y a la obra del cardenal John Henry Newman, una de las personalidades más apasionantes del pensamiento católico y universitario de la modernidad. Probablemente, el obispo patrio que más sabe del cardenal Newman es monseñor Adolfo González Montes, titular de Almería. No en vano fue responsable de la organización del curso de verano de El Escorial, y posterior publicación de las Actas, bajo el título: “Pasión de vedad. Newman cien años después. El hombre y su obra”, Salamanca 1992. Traductor incansable de las obras teológicas del cardenal inglés, cuando don Adolfo era responsable de la cátedra de ecumenismo de la Universidad del Episcopado, monseñor González Montes señala en la introducción a la edición de la Via Media de la Iglesia anglicana que “el pensamiento del cardenal John Henry Newman ha sido insuficientemente conocido en España, aunque ya desde los primeros años del siglo XX tenemos constancia del interés suscitado por sus escritos”.

El Papa nos va a regalar una visita pastoral a Inglaterra que bien merecerá un detenido seguimiento más allá de las convenciones periodísticas de los potentes consorcios internacionales de la información. De nuevo, será un viaje volcado en la recuperación de la razón y en el diálogo con el pensamiento contemporáneo, una especie de continuidad categorial de los grandes discursos de este pontificado. Aunque pueda pasar inadvertido, no debemos olvidar que una de las personas que más ha trabajado en la preparación de este viaje es el Nuncio en Gran Bretaña, el español monseñor Faustino Sainz Muñoz, diplomático de amplísimo currículum que, además, está ejemplarmente entregando y gastando su vida por la Iglesia. La presencia de Nuncios españoles en las Islas no es de ahora, también estuvo allí monseñor Pablo Puente Buces, que terminó sus días en las tierras del norte de España.

Mucho se puede decir del cardenal Newman. Pero quizá, lo que los lectores no sepan es que se adelantó, según dice el profesor Rodríguez Garrapucho, “a las teorías evolucionistas de Darwin, aparecidas en su famoso libro “La evolución de las especies”, dieciséis años más tarde de que Newman plantease el problema con todo rigor en su último sermón universitario de 1843”. Ahí es nada.

José Francisco Serrano Oceja