Sábado 19/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El Estado del bien… trabajar

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La felicidad del hombre no consiste en estar bien. Estar es un concepto pasivo, inmóvil, inactivo. La felicidad consiste en hacer. Benedicto XVI dice que "lo más importante y decisivo para el hombre, también para su bienestar y felicidad, no es sentirse bien sino en ser bueno". Una de las peores actitudes que nos ha traído la modernidad es la de "ver la televisión". No digo que la televisión sea algo malo. No digo que ver la televisión sea algo malo. Pero hay una actitud pasiva, habitual, empobrecedora, que es "ponerse a ver la TV". Y no digamos ya la absurda costumbre de hacer zapping, o sea, me siento y a ver que hay. Este es el hombre prototipo del Estado del bien estar.

La comodidad es en sí misma una cosa buena. Buscar denodadamente la comodidad es una simpleza del ciudadano del Estado del bienestar. Un cierto bienestar, una cierta comodidad es conveniente para hacer, o sea como punto de partida para crecer, para construir. El hombre es feliz cuando construye, no cuando está. En los tiempos en que vivió Jesucristo en Roma existía una cierta rivalidad entre el hedonismo y el estoicismo. Pero vino Jesús y propuso la caridad.

La caridad tiene algo de hedonismo, porque busca cosas buenas para el prójimo, que salga de la pobreza, que tenga un mínimo de comodidad, aunque busca sobre todo que todos encuentren a Dios, porque es lo mejor para los hombres. La caridad tiene algo de estoicismo porque en el empeño de ayudar hay un rechazo del propio bienestar. No es un desprecio de lo bueno, del placer, de la belleza, de las cosas buenas que nos rodean, pero las pone en orden. La caridad cristiana supone una jerarquía de valores, donde lo primero es Dios.

Cuando los hombres se obsesionan con el bienestar se olvidan de la acción. Cuando prima el tener, el riesgo de la injusticia es grande. El hombre honrado es el que trabaja para enriquecer a los demás. El espíritu de servicio poco tiene que ver con la obsesión del bienestar, ni con el hedonismo, ni con el estoicismo. Tiene mucho que ver con la entrega a los demás, que podríamos llamarla caridad sino se hubiera desprestigiado tanto esta palabra, o podría llamarse amor, siempre y cuando recordemos que el amor es esencialmente entrega.

Lo que construye la sociedad es el trabajo bien hecho. Esto quiere decir servicio. También ganar el propio sustento. También tener una cierta comodidad, pero en tercer lugar. Es lo que se espera del político o del trabajador público. Del privado también, pero al público lo pagamos entre todos. La obsesión por el bienestar lleva fácilmente a la injusticia, al engaño, al robo.

No necesitamos un Estado del bienestar. Sería muy saludable para todos el Estado del bien trabajar. Es conveniente entender que es de los aspectos más relevantes para emprender el camino hacia la felicidad.

Ángel Cabrero Ugarte

“Somos
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