Martes 06/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La batalla jurídica

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Convendría que no quedaran inéditas las Conclusiones del I Congreso de Juristas Católicos, al menos, hasta la publicación de las Actas en el preceptivo volumen. En un fin de semana cargado de rigurosas reflexiones sobre la situación del Derecho, la batalla jurídica, que es una de las privilegiadas formas de la batalla cultural, en el Congreso se escucharon ideas interesantes. El catedrático Rafael Navarro Valls, con una profunda y amena conferencia, dijo algo que no debemos olvidar. Es posible que en la actual situación de España, y ante las leyes que se han aprobado del mal llamado matrimonio homosexual, o de la Educación para la ciudadanía, o la inminente del aborto libre, quienes se han opuesto no hayan conseguido nada. Pero lo que debemos tener en cuenta es que algún día, algún historiador de alguna historia, tendrá que reconocer que hubo personas, instituciones, grupos, que se opusieron con todas sus fuerzas, dentro del sistema democrático, a estas deslegitimaciones de lo político y de lo social, en pos de lo político y lo social. Y, entonces, la historia hablará. Bien pudiera servir esta idea para animar los trabajos de la Conferencia Episcopal de esta semana, de los que sin duda tendremos que hablar. Bien pudiera servir para el examen de conciencia de los católicos del PP.

Las conclusiones del Congreso de Juristas Católicos corrieron a cargo del Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad CEU-san Pablo, Juan Manuel Blanch, quien sintetizó con magistral verbo clásico las ideas principales. En su intervención recalcó que “el Congreso nace con el deseo de agrupar, reunir, acoger, a los juristas católicos no sólo para la puesta en común de las inquietudes sino para el fomento y creación de foros de debate que favorezcan la discusión y para evitar la aceptación acrítica de las ideas que se quieren imponer”. Mas adelante recalcó que “no aceptamos que el derecho, del que se pretende erróneamente su identificación con la ley positiva, que causa inquietud social, se utilice al margen de la discusión ética y moral. El lenguaje jurídico no puede sustituir al debate moral. El derecho positivo jamás es moralmente neutro”.

Ahí queda lo que dijo Jesús Trillo Figueroa y Martínez Conde: “Después de la experiencia de algunos años de gobierno en España podemos constatar que esta ideología se ha implementado de forma programada por primera vez en un país democrático, a través de sucesivas reformas legislativas que van desde la Ley Orgánica 1/2004 de protección integral contra la violencia de género a la reciente reforma del aborto”.

Por cierto, al Congreso llegó José Luís Manzanares, miembro de la unanimidad del Consejo de Estado; llegó no precisamente en el mejor momento de supopularidad. Y produjo cierta desafección y alguna que otra confrontación dialéctica… José Francisco Serrano Oceja