Martes 06/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Un artículo del cardenal Cañizares

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La distribución semanal del 'Unicumque suum' diario vaticano L´Osservatore Romano con el diario la Razón ha producido un choque más cualitativo que cuantitativo en el lector medio católico y en los ámbitos eclesiales más variados. No es tanto el efecto de esta alianza, que obliga en mucho, y mucho, al diario español. Se trata del hecho en sí mismo y del nuevo escenario que genera de presencia de la voz del Papa, de su magisterio y de su acción, en los quioscos, un deseo que la Iglesia en España siempre ha tenido.

L´Osservatore Romano no es sólo el acta oficiosa del magisterio del Papa. Es mucho más. Y así lo pudimos comprobar en el primer día de este feliz matrimonio, con la publicación, a doble página, de un imprescindible artículo del cardenal español, Antonio Cañizares, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Un texto que se pudiera denominar programático de su presidencia y que explica con claridad en qué momento estamos y hacia dónde nos quiere conducir el trabajo de la citada Congregación Vaticana.

Un ejercicio que, sin duda, hay que agradecer, y que habrá sido leído con mucho detenimiento por los liturgistas españoles, solos o en Asamblea. Con tanto detenimiento como el que le ha prestado el pueblo cristiano, acostumbrado, en algunas Iglesias –cada vez menos–, a las ensaladas litúrgicas procedentes de los más variados menús. No hace muchos días, una publicación prestigiada, dedicaba su contenido a las páginas webs eclesiales y ponía como ejemplo una, dedicada a elaborar una sistemática liturgia paralela a la de la Iglesia, con sus oraciones, prefacios, cánones, celebraciones pre y para litúrgicas varias. Una página realizada por un grupo de sacerdotes de una diócesis, de cuyo nombre no me quiero acordar, que, por cierto, están haciendo furor entre su coetáneos.

Cuando el cardenal Cañizares, en el citado artículo, habla de Benedicto XVI y de su pasión por la liturgia está prestando un magnífico servicio a la santa audacia de un Papa que conoce a fondo la teología de la celebración de los misterios cristianos y también su radicación en la historia. Los conoce tanto como el espíritu del hombre contemporáneo, necesitado no de 'performances' apetitivos, sino de expresiones de fe fiel, sincera y profunda. Serían muchos los párrafos de ese amplio texto del cardenal Cañizares que se podrían aducir, en testimonio de autoridad, pero quizá lo mejor sea que los lectores se adentren en él y disfruten con la claridad y la persuasión de quien está entregando su vida para que “la promoción y la revitalización del sentido genuino de la liturgia” no pueda ser fruto de “un cierto voluntarismo o de sólo una serie de medidas administrativa, disciplinares o pastorales”, sino del impuso “de una gran obra educativa interior, una 'iniciación cristiana', que lleve a descubrir y vivir la verdad de la liturgia, del culto divino católico auténtico de la Iglesia”.

José Francisco Serrano Oceja