Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

Lo que se aprende en Roma

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Roma siempre enseña. Roma siempre reconforta. En Roma se palpa la catolicidad y se descubre la orientación de la brújula de la historia. Cerca de Pedro, delante de Pedro, ante Pedro, a la sombra de Pedro, todo adquiere una inusitada profundidad. Tenía razón el anciano monseñor español, que había trabajado toda su vida cabe los muros vaticanos: en Roma, quien está, gobierna.

No es cierto que mirar a Roma produzca enfermedades en el cuello. Mirar a Roma significa atender al bien universal de la Iglesia, no a los bienes. Por eso lo enemigos de la fe, de la Iglesia, de Pedro, buscan y rebuscan bajo las alfombras de los palacios y entre las negligencias de los palafreneros. Mientras regresaba en el avión, leía en la prensa ese desmesurado y sinsentido ataque al círculo íntimo del Papa, a su familia, a su hermano, que, mediante mentiras y más mentiras, insinuaciones, relaciones que no lo son, argumentos sacados de contexto, fechas sacadas de contexto (los casos, sobre los que se actuó en su momento, ocurrieron en 1958, George Ratzinger fue director desde 1964 a 1994), pretendían “tocarle”. Una campaña más, contra el Papa, contra la Iglesia, en Alemania, ese corazón geográfico de Benedicto XVI. Pero quienes diseñaron este segundo momento de embestida internacional, que en España coincidió con el anuncio de la visita del Papa, no tuvieron en cuenta suficientemente que la mejor arma contra la mentira es la verdad. Además, la verdad en manos del titular de Ratisbona; un obispo que mide dos metros de alto, que tiene una configuración atlética de leñador, y que si ha sabido luchar contra las más variadas deformaciones teológicas en la Europa central del relativismo, no se arredrará ante las falsas acusaciones.

Monseñor Gerhard Ludwig Muller es un paladín de las causas nobles; lo mismo defiende a los indios contra los abusos de los colonizadores en su doctorado Honoris causa en Perú, que coloca a la prensa internacional y a sus mentiras en su sitio con su aclaración en L´Osservatore Romano. No hace muchos días monseñor Muller visitó la Papa. Se decía que, como buen discípulo suyo y del cardenal Kasper, que le dirigió la Tesis doctoral, podría ocupar la presidencia de un dicasterio romano. Ahora parece que tiene trabajo en su tierra.

En Roma, también, uno se entusiasma. Acabo de leer el libro del dominico Giovanni Cavalcoli “Kart Rahner. Il Concilio tradito”, de la editorial Fede & Cultura. ¿Por qué en España no se hace esta teología? ¿Por qué aquí no llegan estos libros, que pertenecen a esa reflexión intelectual de la hermenéutica de la continuidad del Concilio Vaticano II? ¿Por qué nuestras librerías están llenas de exponentes de la hermenéutica de la ruptura? ¿Por qué aquí no han calado los testimonios y estudios de Pietro Parente, de Peter M. Fehlner, de Serafino M. Lantezza, entre otros?

José Francisco Serrano Oceja