Lunes 21/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

50 años de la Declaración de libertad religiosa

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Un artículo de...

Daniel Tirapu
Daniel Tirapu

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El próximo 8 de diciembre se cumplen cincuenta años de la declaración “Dignitatis Humanae” sobre libertad religiosa. La Iglesia decide y propone a sus fieles y al mundo entero, que la libertad religiosa es un derecho humano.

El documento tuvo sus dificultades para llegar a buen fin y muchos no han entendido ni en la Iglesia, ni en el mundo, el verdadero alcance de esta declaración. Tuvieron gran influencia, los obispos norteamericanos, que habían experimentado muy positivamente la experiencia norteamericana de separación Iglesia - Estado, pero con respeto a la libertad religiosa.

En el fondo subyace una gran cuestión: ¿Deben tener los mismos derechos la verdad y la que no lo es en el espacio público? Hasta ese momento, la Iglesia abogaba por una cierta confesionalidad del Estado y tolerancia para los cultos no católicos. Desde la declaración “Dignitatis Humanae”, la Iglesia proclama que, en cualquier caso, la libertad religiosa es un derecho humano y que así
debe ser recogido en las declaraciones constitucionales.

Con el tiempo, curiosamente, España, Italia, Portugal, han dejado de ser confesionales, con mayoría de católicos; Sin embargo, numerosos Estados no católicos siguen siendo confesionales: Dinamarca, Inglaterra, Grecia. Nadie se plantea por ejemplo el pedigré democrático de Inglaterra por su confesionalidad, que también respeta la libertad religiosa; mientras que en España se experimenta con modelos laicistas un tanto trasnochados y ajenos a la tradición histórica.

De todos modos, la libertad religiosa sigue siendo un ideal: medio planeta no la disfruta. Por ejemplo, China con su feroz oposición a la libertad. Tampoco los países musulmanes ponen las cosas fáciles para los cristianos, cuando el Islam y otras religiones gozan en Occidente de parámetros amplios en materia de libertad religiosa. Por tanto, no es un tema superado.

Para algunos en la Iglesia, la libertad religiosa llevaría a una inacción en el campo apostólico y evangelizador de la Iglesia. Ciertamente que desde Juan Pablo II se habla de una fe, una doctrina que se propone y no se impone. Pero, ojo la declaración de libertad religiosa, no deja de lado
el deber de que cada hombre y mujer deban buscar la verdad, el bien. Y el mensaje de Cristo, la buena nueva, debe ser proclamada y anunciada. ¡Id y bautizad a las gentes! Con el ejemplo, con la vida, con el anuncio.

Algunos intelectuales han puesto de moda que las religiones, lo que deben hacer, en el mundo es procurar la paz y dialogar entre ellas para ponerse de acuerdo. Pero es una dirección cómoda y equívoca, al negar su influencia en las sociedades. La ciencia sin ética, puede ser terrible; y los
fundamentalismos religiosos olvidan el respeto a la persona y su libertad.

Quizás en el orden existencial, la primera libertad es la de existir, del derecho a la vida. Pero en el orden esencial la libertad religiosa, de creencias, ideológica son más importantes. Han pasado cincuenta años, pero queda mucho por hacer. Bienvenida seas, libertad religiosa!

“Somos
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