Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El amor y el odio al sacerdote

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No habrán sido pocos los que hayan pensado que la presentación, días pasados, de un libro del Cardenal Paul Josef Cordes sobre el sacerdocio, editado por la Universidad Católica San Antonio de Murcia, respondía a un obligado acto de habitual deferencia del editor con el editado y con lo editado. Máxime si en la mesa se encontraba el arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Varela, quien, una vez más, ofreció una lección de sana libertad de los hijos de Dios a la hora de responder a algunas preguntas de consuno.

Quienes hayan transitado por esos derroteros, se equivocan. Y mucho. El acto pudo ser, como todos los actos, más que formalmente previsible. Pero lo que sorprende es el libro, el contenido de un libro que bien pudiera ser el texto que, de entre los publicados con motivo del año sacerdotal, mejor analiza lo que ha pasado con el sacerdocio, en la Iglesia, después del Concilio. A modo de ensayo, organizado a partir de una arquitectura de la razón y del sentido del sacerdocio católico, en la Iglesia y para el mundo, el cardenal Cordes va respondiendo, en raíz, con notable erudición y amenidad a las cuestiones espirituales, teológicas, canónicas, pastorales y sociales con las que se ha enfrentado el cristiano que alguna vez haya dedicado cinco minutos a pensar, y a rezar, sobre y por los sacerdotes. Sorprende mucho que el cardenal Cordes no se vaya por las ramas, en un texto que rezuma horas de cuidada preparación y que, en no pocas ocasiones, da la impresión de haber tenido versiones anteriores en formato conferencia. Por cierto, lo que le faltaría la libro, para la preceptiva matrícula de honor, es un prólogo a la edición española.

Son casi ciento sesenta páginas de un profundo y contagioso amor al sacerdocio con una no menor profusión de citas que van desde los padres de la Iglesia –magnífico contexto del sermón de San Agustín recientemente descubierto- hasta teólogos recientes, de entre los que hay que destacar algunas notables rehabilitaciones. Destacan en el libro las finas críticas de cierta pastoral del sacerdocio y de la sociología que ha contaminado, en no poca medida, la aplicación de un Concilio Vaticano II mal digerido.

El autor se permite algunas incursiones en la literatura. De entre ellas, me quedo con un párrafo de “Monsieur Ouine”, novela sacerdotal de George Brernanos, escrita en 1940: “El odio al sacerdote es uno de los sentimientos más profundos del hombre también de los menos conocidos. Que sea tan antiguo como la especie misma no se puede poner en duda, pero nuestra época lo ha elevado a un grado prodigioso de refinamiento y excelencia. Y es que el caimiento o la desaparición de las otras formas de poder han hecho del sacerdote -por mucho que en apariencia esté unido a la vida social- un ser más peculiar, más inclasificable que ninguno de los viejos magos que el mundo antiguo mantenía encerrados en el fondo de los templos, al igual que animales sagrados, con la sola familiaridad de los dioses”.

José Francisco Serrano Oceja