Martes 06/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La agenda de la pederastia

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La agenda de la pederastia marca, desgraciadamente, el presente de la Iglesia. No hay reunión de cardenales, obispos, sacerdotes, fieles laicos, catequistas, lectores, salmistas, en la que no se hable de este tema. La agenda de la pederastia es la agenda misterio de la iniquidad, del mal, del pecado, de los poderes de este mundo, de los medios de comunicación in actu, de las fotografías de pornografía infantil como señal alarma, -pista para aventajados-, de quienes pretenden derribar los muros de la Iglesia, de las ideologías que han sustituido a la fe en la Iglesia, del relativismo moral, de la disolución de los sistemas de formación y conformación de la conciencia dentro de la Iglesia. La agenda de la pederastia tiene como objetivo la credibilidad del Evangelio y la apertura de nuevos procesos de centralismo y de sospecha sistemática también dentro de la Iglesia. Puede que renazca el derecho penal canónico, pero si lo hace sólo como dura ley es insuficiente. La agenda de la pederastia debe convertirse, como magníficamente señala Benedicto XVI en el segundo capítulo de su libro “Luz del Mundo”, por cierto con una muy mejorable traducción en español, en la agenda de la purificación interior de la Iglesia.

Se reúnen más de dos mitras en conferencias algo más que episcopales, asambleas, sínodos, consistorios, conciliábulos, y dale con itinerarios de respuesta a la pederastia, máxime cuando está en marcha la campaña de búsqueda y captura, algo así como el Gürtel de la Iglesia en España. El mediterráneo también existe y lo que están buscando comienza por el mediterráneo y llegará, allá por marzo, a los pilares de la tierra, sin caso y sin causa.

Por más que se quiera tapar la pederastia, abordada libremente en el Consistorio, con el caso del artificio, artilugio, mecanismo, profiláctico, lo que es cierto es que no podemos caer en las trampas que nos tiende sistemáticamente la cultura del sexo convexo. El reduccionismo metodológico es el peor de los reduccionismos. Si la gran cuestión del sexo, pendiente de afrontar y de resolver desde la única revolución de mayo del 68 que ha triunfado, la sexual, se aborda con más sexo, con otro sexo, con otra forma de sexo, nos podemos equivocar. Iglesia y cuestiones sexuales, un binomio complejo. Distancia, amigo, que lo demás vendrá por añadidura. La doctrina no cambia, ni se transforma, se explica. Y explicar las cuestiones de sexo a la opinión pública siempre es complicado. No digamos nada las de casos de confesionario. El Papa ha entrado ya de lleno en la cuestión. ¿O acaso su primera encíclica no es sobre el amor? Amor, que no sexo.

José Francisco Serrano Oceja