Sábado 19/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La adoración del día del Corpus: ¿una ceremonia más?

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Me hice esa pregunta después de recibir, por televisión, la Bendición con el Santísimo Sacramento que el Papa Francisco impartió en San Pedro, el pasado día del Corpus Christi. No sé por qué tipo de enlace de ideas, y de sobreposición de imágines, me vino a la cabeza la figura de Santa Clara, mostrando desde el balcón del Convento una custodia semejante, y viendo huir ante el Santísimo Sacramento a un nutrido grupo de asaltantes que querían destrozar la pacífica vida del convento.

Hace unos años volvió a recorrer unas calles de Amsterdam la procesión del Corpus Christi que había sido eliminada a principios del siglo XVI. O sea, 500 años después, Cristo Eucaristía paseó de nuevo entre los canales holandeses. Los años se suceden, y pasan. Cristo permanece. Y este año, han vuelto a renacer, en otros lugares de Holanda, procesiones de la Virgen y del Corpus Christi, también eliminadas siglos atrás..

El Papa Francisco ha llevado a la práctica una iniciativa programada por Benedicto XVI y que el Papa emérito no ha podido ver hecha realidad en su pontificado: una hora de adoración eucarístíca en San Pedro, retransmitida por televisión e internet a todo el mundo, y acompañada, a la misma hora de Roma, por actos semejantes de muchas iglesias católicas.

¿Otra ceremonia piadosa más? ¿Una simple, maravillosa, manifestación de la unidad espiritual de todos los católicos del mundo?

Si fuera sólo eso, ya sería bastante, sin duda. Pero ¿se queda una Adoración semejante en un ejemplo de unidad?.

No. Es mucho más. No dudo de que haya estudios sobre la influencia de la adoración de la Eucarístia en el arte, en la cultura, en la inteligencia de tantas personas. El Claudio Coello del Escorial es bien digno de un estudio serio. La influencia de la presencia sacramental de Cristo en la Hostia Santa en la vida y en la historia de los hombres es, sin embargo, incalculable y no cabe en ninguna medida de los hombres.

La Verdad de Cristo presente en el mundo, en nuestras calles, en los rincones más recónditos de nuestros poblados, que nos posee a los cristianos es un reto tal a la inteligencia de los hombres, que ya el sólo hecho de contemplar una Custodia abre horizontes nuevos a las perspectivas humanas.

Misterio verdaderamente impenetrable. ¿Dios en la tierra bajo la apariencia de pan, e interesado en la historia de cada hombre, y en los hechos que forjamos entre los hombres?

Un conocido científico convertido recientemente de su ateísmo a un vago deísmo, comentó que él no se ve dando más pasos en la penetración del misterio que supone la existencia de Dios. Reconoció sin embargo que los cristianos tenemos muy buenas razones para creer en la Resurrección de Cristo.

Entre esas "razones" no me extrañaría que si Dios le da vida, se encuentre un día con la Eucaristía. El hombre puede rechazar pensar en tal Misterio. Y quizá, si lo hace, se encuentre con otra pregunta que le podría hacer pensar: ¿Por qué tantos hombres y mujeres, científicos y no científicos, artistas y no artistas, con más o menos inteligencia, creen en la Eucaristía, y adoran a Cristo Vivo en el Pan?

Quizá alguno le respondería con unas palabras de Josemaría Escrivá: "Nuestro Dios ha decidido permanecer en el Sagrario para alimentarnos, para fortalecernos, para divinizarnos, para dar eficacia a nuestra tarea y a nuestro esfuerzo. Jesús es simultáneamente el sembrador, la semilla y el fruto de la siembre: el Pan de la vida eterna".

Y quizá llegue a descubrir así, la influencia cultural, civilizadora de la adoración a Cristo Eucaristía.

Ernesto Juliá Díazernesto.julia@gmail.com

“Somos
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