Miércoles 07/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Zapatero y la foto vaticana

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Difícilmente a Zapatero le va a salvar la sola foto saludando a Benedicto XVI. Paradojas y retruécanos de la historia: lo único que quedará, gráficamente, de la presidencia española de la Unión Europea es una imagen en el Vaticano. Para que algunos, después, duden sobre la autoridad moral del Papa en el consorcio de las naciones y de la historia.

No nos equivoquemos. Zapatero sabe que el tiempo corre en su contra. Sobre todo el tiempo de la propuesta de Ley de Libertad religiosa, un imperativo categórico de la Alianza de Civilizaciones, en la que ya no creen ni los civilizados. Sabe que la tramitación de la Ley le llevará al menos un año, entre otras razones por su complejidad jurídico-administrativa. Para entonces, todos calvos. Y de eso es de lo que se trata. Lo que ha pensado, y lo ha pensado bien; y lo que ya está haciendo, y lo está haciendo no tan bien, es aplicar el contenido de la ley por la vía de los hechos. Para eso tiene a la Ministra de Defensa, que es capaz de conjugar el verbo pluralizar en subjuntivo presente, implicando, incluso, hasta a la mismísima Vicaría Castrense, Chacón dixit.

Por tanto, Zapatero, que va a Roma como presidente de turno, sin haber pedido la vez, no hablará con el Papa de la Ley española de libertad religiosa, pero sí de los símbolos religiosos, que es una materia que afecta a la Europa toda y a toda Europa. Otra cuestión es el escalafón descendente. Con el Papa, de principios y de altas teologías. Por tanto, hablará el Papa y escuchará Zapatero. Con el cardenal Secretario de Estado, de cuestiones teórico-prácticas, que para nuestro presidente serán, algo así, como el último partido de España en el mundial de fútbol o los fundamentos morales de la crisis económica y su respuesta en la Comunidad Autónoma de Andalucía. Y con el responsable vaticano de los Asuntos Exteriores, monseñor Mamberti, llegará hasta las últimas consecuencias. Ahí sí, que si los hospitales, los cuarteles, los crucifijos y hasta los problemas con el Ministerio de Educación sin ciencia. Por supuesto, no se olvidarán de los próximos e inminentes viajes del Papa a España y del riesgo de que el señor Embajador viaje en el séquito papal a España y no regrese a la Plaza de la Inmaculada.

Fuentes vaticanas han puesto los cronómetros en hora para medir hasta la última milésima de segundo del tiempo que el presidente del gobierno español mantenga fija la mirada con el Papa. Un Papa que es todo profundidad, bálsamo de verdad, frente a frente con quien ha sembrado ejemplares políticas de mentira antropológica. Así se escribe la historia… Venció el Galileo.

José Francisco Serrano Oceja