Jueves 17/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Voy a contar un secreto

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Supongo que revelar un secreto es un pecado, que no dependa sólo de la materia, sino del acto mismo, de su intención, de su finalidad. No digamos nada si lo que voy a revelar es el secreto de un arzobispo, el secreto de su vida, lo que ha permanecido oculto a los ojos de los que le rodean, de los que le conocen, de los que le aprecian. Bueno, para ser sincero tengo que decir que antes que yo ya ha habido quien ha contado ese secreto.

Ha sido la periodista Teresa Gutiérrez de Cabiedes, a quien aún no conozco personalmente, pero de quien leí, gracias al maestro Alejandro Llano,- porque todo lo que me suena a Alejandro Llano lo leo como si fueran los escritos de Platón-, un libro, una biografía intelectual de Hannah Arendt. Y digo que no conozco personalmente a Teresa, aunque pertenezcamos al mismo equipo periodístico de contertulios. No sé por qué ley no escrita, quien diseña los equipos de participación del programa aún no nos ha juntado. Sin embargo, acabo de leer de un tirón, así como suena, un libro suyo escrito con la dulzura y la belleza de quien sabe ver y mirar, oír y escuchar, escribir y sembrar verdad y vida. En la editorial Ciudad Nueva acaba de publicar “Secretos de un arzobispo. Diálogos con Monseñor Francisco Pérez González”. Sí, se trata del arzobispo de Pamplona y Tudela, y tengo que confesar que no es el típico libro de diálogo, declaración, tesis, homilía del entrevistado al uso. Es una especie de juego de verdad, ágil, ameno, rápido, entre un alma sin doblez y un hombre de profundidades.

Son muchos los secretos de don Francisco que se cuelan por entre las páginas del libro. El lector disfrutará con las anécdotas del Rey, con la descripción de la vida religiosa de la familia real, con las citas del arzobispo y su pasión por Dostovieski. Pero con lo que más disfrutará el lector es con la conjugación en voz activa del verbo amar que se palpa en este descargo de ciencia y de conciencia. Amor a Dios, a Jesucristo, a la Virgen María, a la Iglesia, a los hombres. Hay frases del libro, de don Francisco, que pueden perfectamente pasar a la antología patrística no sé de quién.

“¿Cómo se gobierna una diócesis?, le pregunta Teresa. “Una diócesis no se gobierna a base de documentos, sino a base de muchas horas de diálogo con Dios en la intimidad de la oración”. “¿Nunca le ha sobrevenido el desánimo?”. “Hace bastantes años- confiesa don Francisco- asistí a una reunión con el entonces arzobispo de Madrid, cardenal Suquía. Eran los momentos agitados del postconcilio y aquella asamblea de sacerdotes fue muy tensa. Hubo discusiones fuertes e incluso se menoscabó la autoridad del cardenal con duras palabras. Al ver aquel espectáculo de desunión, me quedé destrozado. Debía tener un rostro muy elocuente porque, al terminar, el cardenal se me acercó y me clavó la mirada, diciéndome: “Pero Francisco, ¿por qué pones esa cara? ¡Si Cristo ha resucitado!”… Qué mejor secreto, qué mejor confesión… de un arzobispo.

 

José Francisco Serrano Oceja

“Somos
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