Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La Vigilia de la Inmaculada

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Las calles de Madrid están adornadas con el anuncio no de la fiesta pagana de la Navidad, por decreto de nuevo emperador, munícipe de turno, sino de la Vigilia de la Inmaculada. No es poco el trabajo que estos días los Cruzados de Santa María y los Cruzados de Santa María Inmaculada están haciendo en favor de la presencia del corazón de la Madre en un mundo sin razón y sin corazón. Para escribir sobre la Vigilia de la Inmaculada, sobre las Vigilias de la Inmaculada que se desgranan por las catedrales e iglesias de España y del mundo, es obligado hacer una referencia a un jesuita, siervo de Dios, que vivió y sufrió las inclemencias de su tiempo en pos de un Evangelio que siempre es primavera, y que con su espiritualidad abrió uno de los cauces de más fecundidad de la Iglesia en España: el P. Tomás Morales.

Lydia Jiménez, Directora General de las Cruzadas de Santa María, en la Introducción la volumen segundo de la Vida y Obras de Tomás Morales, S.J., editado por la BAC, recuerda que el P. Morales, de quien el nuncio Tagliaferri dijera en la homilía de su funeral que “es como un profeta del Vaticano II en su visión de la promoción del laicado en la Iglesia y en el mundo”, “vivó el drama de la Iglesia en los tiempos del Concilio y del posconcilio y dio a conocerlo a los laicos que se formaban con él, sufriendo y trabajando por ella”.

En su libro “Forja de hombres”, del que el pedagogo español Víctor García Hoz dijera que tiene “ahora” más vigencia que cuando se escribió, el P. Morales describe la historia de las Vigilias de la Inmaculada y el afán apostólico que congregan. Merece la pena que en estas fechas, oigamos resonar su palabra como homenaje filial a Nuestra Madre Inmaculada: “Han pasado cuarenta años en los que no sólo ha querido inculcarse amor a la Virgen, sino principalmente crear en le joven una inquietud apostólica, un dolor por los compañeros alejados de Dios, un espíritu combativo que le empuje –como bautizado- a cristianar la estructura temporal en que se desarrolla.

 

Después de ver la difusión que han tenido puede decirse que las vigilias de la Inmaculada constituyen una preciosa aportación a la pastoral del siglo XX”.

José Francisco Serrano Oceja