Lunes 05/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

De la Vega, bajo palio

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Púrpura y oro, colores del atardecer romano. Llegó la vicepresidenta del Gobierno a los Palacios Pontificios y triunfó con ese resplandor mezcla de inocencia mediterránea, tan cercana al genio femenino de la familia Borgia. En Roma, lo español no es galaico, ni portugués, no sabe de cantigas castellanas, sino de danzas mediterráneas, de sones profundos de melancolía, que es algo más que tristeza de luz. La vicepresidenta del Gobierno se mueve en la Iglesia como si estuviera en su casa. Confesó y no negó; dijo y se ratificó que las relaciones con la Conferencia Episcopal, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, eran inmejorables, óptimas. Vamos, que casi se ha apuntado como voluntaria para acompañar a los cardenales y obispos por el Madrid de los Austrias. Pero antes que se celebre la Jornada está la visita del Papa a Santiago y a Barcelona, y ahí quiere estar la vice, y ahí quiere estar Zapatero, y ahí quiere estar el gobierno. Con rosario o sin rosario; con fervor y sin fervor; con devoción y sin devoción… siempre a la sombra del Papa. Ya lo dijo el genio Foxá, o delante de los curas o detrás, así es España, siempre bajo palio.

Dicho lo cual, la misión de España en la Alianza de Civilizaciones, en el consorcio internacional, Cuba y La Habana, que también existen; Obama y Zapatero, constelaciones menguantes de un universo en permanente expansión. La Vicepresidenta bien vale una misa, ora pro nobis por su alma en la Basílica del Valle de los Caídos, que se ha convertido en el CIS del catolicismo tradicional para De la Vega. El Valle, la comunidad monástica, la apertura al culto y al clero, diálogo de algo más que sordos que saben de qué hablan. No es tiempo de lágrimas en el valle de lágrimas. No hay nada que hacer; el Gobierno se esconde detrás del partido y el partido se adelanta al Gobierno. La cruz, signo de contradicción.

Y llegó su conferencia a medio camino entre la embajada de Italia y la de la Santa Sede, un doblete de primera para no dejar pasar ni un ápice. Por más que la anfitriona, la señora Emma Bonino, -a quien su partido guarde muchos años en el formol de su pertinaz sequía ideológica-, intentara poner el trapo rojo carmesí, en su presentación, a la vicepresidenta Fernández de la Vega, ante la atenta mirada del cardenal Antonio Cañizares, español universal en la católica Roma, ciudad eterna, la vice no entró al trapo, se las sabe todas, ha asistido a un curso avanzado de diplomacia vaticana en la Rota matritense.

 

En su conferencia sobre la historia reciente de España, hizo uno de los más “moderados” discursos sobre el valor del progresismo y de los gobiernos de progreso, en nuestra historia reciente. Ya se ve, cerca de los jardines vaticanos, nuestra vice se crece, gana altura, profundidad… Fue algo así como un ensayo sobre teología política del progreso, de la modernidad y de la modernización. Sonaba a música celestial; no parecía que estuviera hablando de España.

José Francisco Serrano Oceja