Sábado 01/11/2014. Actualizado 01:00h

Tribunas

​​Tarde de Nunciatura

​A las ocho de la tarde. Eran los ocho de la tarde cuando se abrieron las puertas de la Nunciatura Apostólica en España con motivo del día del Papa, en la solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo. El Papa había dicho, ese mismo día, en una magnífica homilía, que “la Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de pecadores que se deben reconocer necesitados del amor de Dios, necesitados de ser purificados por medio de la Cruz de Jesucristo”.

Tenía este año la tradicional recepción un sabor renovado. El curso pasado, por obras en las Nunciatura a la espera de Benedicto XVI, el calendario se quedó en blanco. La cita del todo Madrid, de la toda Iglesia, siempre es una oportunidad para analizar tendencias, redescubrir rostros, alianzas, pactos. Un encuentro en el que el Nuncio de Su Santidad en España, que conoce bien el principio de que no hay que multiplicar los entes sin necesidad, hace de acreditado anfitrión. Monseñor Renzo Fratini sabe ya de textos y de contextos en la Iglesia en España. No en vano, aunque los tiempos son de aparente calma, la impresión que se palpa es que la procesión va por dentro.

En la recepción de la Nunciatura estuvieron, entre otros, el cardenal Rouco, los cardenales eméritos Amigo y Estepa, el arzobispo de Toledo, el obispo de Segovia, el auxiliar de Madrid, Fidel Herráez, quien pilota sin descanso los trabajos y los días, incluidos los encierros en la catedral de la Almudena. De allí salieron pitando los máximos representantes del cabildo madrileño. Un encierro que concluyó con el abandono pacífico del templo por parte de los protagonistas, que según confesaron, buscaban el protagonismo en los medios, que sería mayor con desalojo incluido.

El cardenal Estepa demostró una especial fuerza de atracción, quizá por el hecho de que no había pasado una semana desde su visita en audiencia privada a Benedicto XVI. Ya sabemos, las cosas de España, el futuro y el presente. Quienes trabajan en la Conferencia Episcopal, en sus múltiples cargos administrativos, suelen llenar el Palacio de la calle Pío XII. Y así ha sido una vez más. Les acompañaba una amplia representación de miembros de las curias de las diócesis sufragáneas de Madrid, de Toledo y aledaños.

Un dato siempre interesante es la representación del gobierno, que en esta ocasión estuvo a la altura de las circunstancias. Allí estuvo la Vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría, a quien se la ve muy suelta por entre los marcos vaticanos, como si hubiera aprobado no hace mucho las oposiciones a privilegiada interlocutora con el cardenal Rouco, con quien mantiene una línea abierta de permanente diálogo.

​Y no olvidemos a los representantes de realidades eclesiales y movimientos apostólicos, a los miembros del cuerpo diplomático, empresarios de medios, a los periodistas e intelectuales, rectores de Universidades, exministros, políticos de diversos ramos… Un día para la comunión fraterna, que es de lo que habló el Papa en esa mañana, en la que en Madrid había tomado posesión el caluroso verano.

José Francisco Serrano Oceja

jfsoc@ono.com

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