Miércoles 20/09/2017. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

Solicitud por España

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

La tortícolis de la Iglesia en España por mirar tanto a Roma, que decían diagnosticaba el cardenal Tarancón, esperemos que no el de Fermín Cabal, que en su libro guión de la serie televisiva, que ha desparecido del mapa, no sé si gracias a Dios, empalaga hasta la saciedad, la tortícolis, decíamos, ahora, es acaso la de Roma mirando a la Iglesia en España. Por tanto, nada de miradas torcidas, de frente, a los ojos, cara a cara. El cuidado universal de la Iglesia es causa de no pocas informaciones que pueden pasar inadvertidas, pero que, al fin y al cabo, son las que escriben la intrahistoria.

Hace unos días la Santa Sede hizo público el nombramiento del Nuncio en los Balcanes, monseñor Santos Abril, como miembro de la Congregación de Obispos. No mucho tiempo atrás se había anunciado su designación como Vicecamarlengo de la Iglesia romana. A sus setenta y cinco años, quien fuera profesor de español de Juan Pablo II, y un hombre de los de solera de la diplomacia vaticana, formado en la escuela del cardenal Casaroli, amigo de monseñor Monteiro de Castro, pasaba a ejercer dentro de la maquinaria más selecta de la Santa Sede. Su nombramiento en la Congregación de Obispos engrosa la lista de los miembros españoles y apuesta por una novedad, y un destacado voto en sentido jurídico, a los siempre necesarios equilibrios a la hora de elegir candidatos de las tan traídas y llevadas ternas. Y nunca mejor dicho en algunos casos, como el aparentemente incomprensible de Orense, o el de los necesarios auxiliares de sedes históricas.

También durante los recientes trabajos y días supimos del algo más que placet al nombramiento del sacerdote segoviano, de origen, Anastasio Gil, como Director de las Obras Misionales Pontificias. No es el primer no obispo que ejerce este cargo; habría que recordar a José Luis Irízar. Y también el exquisito trato con que el hoy director del buque insignia de las misiones españolas abordó aquella delicada cuestión. El pasado, pasado está, y lo que ha caracterizado el silencioso, sereno, organizado, fecundo trabajo de Anastasio Gil en esa benemérita institución ha tenido su punto y seguido en un nombramiento que, también, hay que agradecer a monseñor Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona.

Y por último, de momento, tenemos que despedir al embajador Francisco Vázquez, que se nos ha ido de la embajada de España, esperemos, que a defender al pueblo, todo para el pueblo, pero en Galicia está la clave. El nombramiento de la nueva embajadora, con placet implícito incluido, responde a la política de agradecer los servicios prestados por parte del socialismo clásico. No sé cómo no se les ocurrió nombrar a María Teresa Fernández de la Vega embajadora de España ante la Santa Sede. Hubiera sido el lógico acorde final.

José Francisco Serrano Oceja

·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·