Martes 06/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Sic transit…

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No fue fácil la rueda de prensa del obispo portavoz de la Conferencia Episcopal Española al término de los trabajos de una Comisión Permanente, con pena y con algo más de gloria. Y no lo fue porque la agenda de los medios, y de los mediadores, había dado el pistoletazo de salida a la caza y captura de la presa noticiosa, es decir, del todavía más difícil de este circo social en el que nos encontramos. La insistencia, nada de paulina, a tiempo y a destiempo de los periodistas con el caso del Rey, -Rex eris si recte facies-, hizo que monseñor Martínez Camino se acordara del principio y fundamento de la profesión de portavoz, algo propio de la formación jesuítica.

Porque de lo que se trataba en el día después, el día de la infamia, el día de la ignominia, el día del horror, el día del terror, no era de señalar con el dedo, -que nadie nos recuerde el estadio de la peineta-, a la monarquía, que bastante tiene con lo que tiene, sino de recordar lo que la Comisión Permanente del episcopado dijera hace ya unos meses, y repitiera sin cesar, a tiempo y a destiempo, estos sí, paulinos. A saber, que la nueva ley de la salud reproductiva y sexual y bla bla bla, es decir, la ley del aborto libre, aunque nos pese utilizar el concepto de libertad, es: una ley que convierte el delito del aborto en un supuesto derecho; una ley que da licencia para matar a los hijos; una ley que supone un grave retroceso en la protección del derecho inviolable a la vida de los que van a nacer; una ley que no ayuda a la mujer a llevar adelante su maternidad, sino que la deja sola ante las dificultades; una ley que instrumentaliza el sistema educativo en la des-educación que supone eliminar el respeto a la vida inocente; una ley que pone restricciones a la objeción de conciencia de los profesionales; una ley, que será ley, pero no es justa, ni justicia.

Y de la Permanente, poco más. Los obispos andan enfrascados en las batallas legales con el tema de la educación, mientras el ministro ex, es decir, Gabilondo, se ha ido por las peteneras de un pacto en el que, aunque ha llamado a las fuerzas vivas del catolicismo seglar educativo, ha obviado a los prelados. Pero de lo que se trata ahora no es de la Educación para la Ciudadanía sino de los profesores de religión, de la clase de religión, que es la asignatura pendiente de esta democracia. Y, por lo demás, a la espera de que vengan días y lleguen nombramientos, beatificaciones y demás familia, que es de lo que se trata. Con Vicepresidenta de la Vega incluida, que a este paso, a quien más le va a interesar que siga en su cargo es a la Iglesia. Sic transit, querido señor, Majestad, por su súbditos concebidos, que no van a nacer…

José Francisco Serrano Oceja