Martes 26/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Semillas de Resurrección

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Las últimas líneas del Jesús de Nazaret de Benedicto XVI aún resuenan en la conciencia y en el corazón de quienes se han dejado acompañar por la sabiduría del Papa durante los días santos. Un pensamiento dedicado a la bendición de Jesús Resucitado, “cuyas manos quedan extendidas sobre este mundo”, se convierte en aliciente para la búsqueda de realidades de la presencia del resucitado en la historia. “Por la fe, afirma el Papa, sabemos que Jesús, bendiciendo, tiende sus manos extendidas sobre nosotros. Ésta es la razón permanente de la alegría cristiana”.

La resurrección de Cristo ha sembrado semillas de alegría y bendición a lo largo del tiempo. En el corazón de Cantabria, cobijada por verdes valles, seno de profundidades de humanidad, habita una nueva experiencia de Vida Religiosa y Vida Cristiana, que recientemente ha recibido la aprobación por parte del Pontificio Consejo para los Laicos como Asociación Pública Internacional de Fieles. En los pueblos de Barcenilla, Las Presillas, Zurita, viven algunas comunidades de religiosas y religiosos Siervas y Siervos del Hogar de la Madre. Su presencia apostólica se extiende también por el espectro radioeléctrico a través de una televisión local, HM, que tiene su huella en Internet. Con motivo de la reciente aprobación pontificia, acaban de editar un libro, titulado “Hogar de la Madre de todos los hombres. Madre de la Juventud”, en el que se publican textos sobre la historia de este carisma, fundado por el sacerdote Rafael Alonso Reymundo, y las homilías de los cardenales Rylko, Julián Herranz, Antonio Cañizares y Mauro Piacenza.

El cardenal Julián Herranz, nada más llegar a la sacristía de la Iglesia de san Girolamo della Carità, en Roma, para presidir la misa en acción de gracias por la aprobación de esta realidad eclesial, le dijo la fundador: “Piensa que un movimiento, una Asociación que es reconocida antes de treinta años, es una caricia de Dios, pero también una inmensa responsabilidad”. El Hogar de la Madre, desde los inicios del sí de seis jóvenes en la Basílica de San Pedro, un 29 de julio de 1982, ha acogido en el calor de su carisma, la defensa de la eucaristía, la defensa del honor de nuestra Madre, especialmente en el privilegio de su virginidad, y la conquista de los jóvenes para Cristo, el arco iris de la humanidad que conforma la Iglesia, jóvenes consagrados, comunidades adultos, niños, universitarios. Extendido por más de una docena de países, y de diócesis españolas, entre las que hay que destacar Valencia, Sevilla, Cuenca, Getafe, Pamplona, Astorga, crece como fruto de la resurrección y con el santo y seña de la alegría, testimonio de la verdad del Evangelio y confirmación de que hay formas de Vida Consagrada que siguen atrayendo por la novedad evangélica que representan, pro la fidelidad a la Iglesia y por la generosidad de vida. Serán signo de contradicción para muchos, de los más lejanos y de los más cercanos. Pero por la alegría que se trasluce en los rostros de quienes habitan en el Hogar de la Madre, la presencia del Resucitado en la historia es, si cabe, más palpable, más presencia.

José Francisco Serrano Oceja

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