Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Semana de nombramientos

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En lo que respecta a la Iglesia en España se pueden hacer dos afirmaciones que describen el presente: hay cierta urgencia en la Santa Sede por asentar las bases sobre las que trabajar, a partir de ahora, la cuestión española, es decir, todo lo que vaya de España a Roma y todo lo que de Roma vuelva a España. Y hacerlo cuanto antes, es decir, para que cuando comience el curso casi todos estén en su sitio.

Este nuevo diseño se ha hecho en varias etapas. La primera, y la más importante, el nombramiento del cardenal Antonio Cañizares para la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Nombramiento ahora reforzado con la designación, por el Santo Padre, del hasta ahora Vicario General de la Archidiócesis de Toledo, Juan Miguel Ferrer, como subsecretario para la Congregación para el Culto Divino. Por cierto, un nombramiento especial que no responde a la práctica común en la Santa Sede de que los puestos principales en los dicasterios no los ocupen personalidades de idéntica procedencia nacional. Pero el cardenal Cañizares tiene la carta blanca de su buen hacer, de su humildad, de su espíritu de trabajo y entrega, y de su cercanía al Santo Padre, y eso siempre es reconocido y alentado. Este nombramiento producirá, sin prisa pero sin pausa, cambios en la archidiócesis de Toledo, que, además, cuenta con un obispo auxiliar pronto a presentar su renuncia por motivos de edad. Si bien es cierto que en esa Iglesia se pensaba que, tarde o temprano, se podía producir la marcha de Juan Miguel Ferrer, no lo es menos que no se podían imaginar que tuviera tal destino. Otra cuestión es que no se hubiera preparado suficientemente el día después de su salida.

Y el segundo dato ha sido el nombramiento de nuestro querido Nuncio, monseñor Manuel Monteiro de Castro, como Secretario de la Congregación para los obispos, es decir, secretario de la célula de inteligencia institucional de la Iglesia. Se sabía de la amistad de nuestro Nuncio con el cardenal Re, Prefecto de la Congregación de Obispos, amistad que viene de antiguo, de los años de la Escuela Diplomática. Sabíamos del buen hacer de don Manuel y de su capacidad para acercarse al corazón de las personas y de las situaciones. No hay que olvidar que el cardenal Re ha cumplido la edad de la jubilación, por lo que el tiempo que esté en su puesto será el suficiente para que el nuevo secretario se haga con las riendas del día a día y así poder facilitar un normal decurso de cambios en la Curia. No es desdeñable que monseñor Monteiro de Castro, que tiene el afecto de todos los que le conocen, no concluya ahí su misión en la Santa Sede. Hubo un tiempo en el que los Nuncios de las sedes principales de la Iglesia universal –Madrid, por ejemplo- recibían el Capelo cardenalicio. Sin duda que los nombramientos de obispos en España serán mirados por el nuevo secretario de la Congregación de los Obispos con especial mimo y afecto, y que no es improbable que se amplíe la presencia española en el Plenario de la Congregación.

Y todo esto para empezar el curso en perfecta forma, quizá por la que se nos viene encima.

 

José Francisco Serrano Oceja