Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:15h

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Tribunas

Sabemos de don Ricardo

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De monseñor Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao, sabemos que no sabemos, es decir, sabemos que está trabajando dura, intensamente, en el caso de la Visita Apostólica a la Legión de Cristo, y que su abrazo es siempre el abrazo de un padre que hace que los hijos no se sientan huérfanos. Sabemos, también, y lo hemos visto en los medios, que no pudo estar en el encuentro de los obispos vascos con Patxi López.

Sabemos que está haciendo un tándem cuasi-perfecto con su obispo auxiliar, monseñor Mario Iceta, que, además, está entregado a esa nueva forma de ser obispo, que no de hacer de obispo, que se expresa, por ejemplo, en el siguiente correo electrónico enviado por él a un grupo de jóvenes matrimonios: “He organizado el segundo domingo de cada mes, a partir de noviembre, un encuentro para matrimonios en los salones de la catedral de Santiago, de 5.30 a 6.30. Me gustaría que me ayudaras a darle difusión. Intentaremos organizar una guardería para que los padres y madres puedan asistir. Los domingos son: 8 de noviembre, 13 de diciembre, 10 de enero, 14 de febrero, 14 de marzo, 11 de abril, 9 de mayo y 13 de junio. Así mismo, he comenzado a celebrar todos los domingos la Santa Misa a las 7 de la tarde en la catedral, con el fin de estar en contacto y disponible para todos los fieles en general”.

Pero volvamos a don Ricardo. Sabemos de su homilía en la celebración de apertura del curso pastoral, en la que dijo: “Necesitamos acentuar la espiritualidad cristiana. No bastan los conocimientos teológicos, ni una correcta pedagogía en la programación, ni la realización bien hecha de las acciones proyectadas, ni la organización adecuada de los recursos disponibles… Si Dios no actúa, todo es como una cáscara”.

También se refirió a otras muchas cosas más, que a todos nos interesan y que hacen que, de vez en cuando, sepamos de don Ricardo. “Nadie –insistió- tiene el poder de atribuirse el derecho a privar a un ser humano en camino del derecho fundamental a la vida; no hay autoridad que esté capacitada para otorgar la dispensa ética de respetar la vida del ser humano desde el seno materno”.

 

José Francisco Serrano Oceja