Miércoles 07/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Réquiem por la actual Cajasur

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No es un buen momento para que los titulares y las fotografías de los periódicos conjuguen los alzacuellos con el dinero y la intervención monetaria del gobierno socialista. Atrás quedaron los espectros de una historia que ha sido un leit motiv para quienes han pugnado por la autonomía de la Iglesia y por la preservación de sus derechos, también los históricos. El Banco de España interviene en Cajasur; un grupo destacado y destacable de consejeros dicen no a la fusión con Unicaja, que era una única caza, y no pocos siguen preguntándose si Cajasur no tenía un estatuto jurídico al que le afecta el derecho canónico y, por tanto, en esta operación hay una causa de doble efecto que puede traer muchos imprevistos, estatutos, patronato... En las cosas de la Iglesia, el poder civil huelga.

Porque la historia de Cajasur viene de antiguo. Ya nadie se acuerda de la decisión de los Obispos del Sur de 1999 que preservaba la singularidad de Cajasur, cuya gestión estaba confiada al Patronato, en pleno pulso político del Gobierno socialista en Andalucía con motivo de la aprobación de la Ley de Cajas de Ahorro de Andalucía. Ya nadie recuerda aquellas fundamentadas notas del entonces obispo de Córdoba, monseñor Javier Martínez, sobre otro tema, con acertado fondo teológico; ni las horas, los días y las noches que el actual arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, le dedicó a este casus belli, manzana de la discordia apetecible siempre para una Junta de Andalucía, para un gobierno socialista que lo único que no había conquistado en su predio era, precisamente, Cajasur.

Más vale olvidar que gran parte del motor de la actividad asistencial, de patrocinio de no pocas de las actividades eclesiales en el sur de España, y no sólo en el sur, llevan el logotipo de Cajasur. Un nuevo harakiri eclesial en pos del bien común. Monseñor Demetrio Fernández lo ha dicho con claridad, en un dilema moral, la Iglesia actúa en conciencia. Y la conciencia son los trabajadores, el bien al que no se debe subordinar, ni con el más evidente principio ético, aquel que dice algo sobre los medios y los fines, ninguna falta que hace que aparezca la navaja de Ockham.

Luego, el día después. Venta, al mejor postor. Las Cajas de Ahorro seguirán siendo el lugar de encuentro de los políticos locales y regionales, pero no de los canónigos de la Seo de Córdoda, dedicados a defender la Catedral, cátedra de verdad.

José Francisco Serrano Oceja