Domingo 20/08/2017. Actualizado 01:00h

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Puentes entre universos

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Un artículo de...

Jesús Ortiz
Jesús Ortiz

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La comunidad científica está de acuerdo en que la materia es significativa, algo en lo que concuerdan con los filósofos y los teólogos. Partiendo de datos distintos y siguiendo métodos diversos llegan a conocer algunas leyes de la materia y se acercan al significado general de la realidad.

Ahora el astrofísico Stephen Hawking ha sorprendido con una nueva teoría propuesta en el Institute of Technology de Estocolmo. Hace muchos años que trabaja sobre los llamados “agujeros negros” como última frontera de la materia: sería una materia en lugares tan densos y con enorme fuerza gravitatoria que ninguna partícula absorbida podría salir jamás.

Agujeros y puentes

Esta vez Hawking amplía su teoría suponiendo que esos agujeros negros no son tan opacos como se suponía pues emiten alguna radicación, lo cual significa que irían perdiendo masa poco a poco. Por tanto en millones de años podrían desaparecer con toda la información que han fagocitado. Sin embargo advierte que esto choca con los pilares de la mecánica cuántica según la cual la información que lleva consigo la materia jamás se destruye. Por ello considera que la información escapada de los límites externos de los agujeros significaría la existencia de puentes de comunicación entre universos distintos. Porque en el nuestro sí quedaría destruida toda la información de las partículas engullidas. Todo esto dicho con un lenguaje de calle para entender complejas fórmulas matemáticas.

El físico británico se considera agnóstico respecto a la existencia de Dios –y no digamos acerca de cómo es en Sí mismo-, y también sobre la posibilidad de una creación inteligente, o de la vida más allá de las fronteras de la muerte. Sin embargo las recientes suposiciones pueden tener una lectura más abierta en el sentido de apuntar a otros mundos no experimentados por las ciencias empíricas. Porque ¿qué es la muerte sino un cierto agujero negro que nos comunica con otro universo –el del espíritu, los ángeles y Dios-, al que se llega como destino universal y donde no rigen las leyes de nuestro universo?

Supone Hawking que pasado ese puente a otros universos ya no se puede regresar. Bien puede ser una imagen de la vida eterna, que no significa un tiempo infinito, sino vida definitivamente plena. La Resurrección de Jesucristo, única en estado glorioso, y la Asunción de la Virgen María, tienen ya unas características completamente distintas a nuestras leyes de la naturaleza tal como están vigentes hoy en nuestro universo.

Geografía del más allá

San Juan Pablo II hablaba de la “geografía del más allá” combinando mediante esta paradoja el mundo actual con la muerte y la Parusía final, como puente a la vida eterna en Dios. Ciertamente nada de esto está demostrado desde las ciencias empíricas, aunque sí tenemos constancia histórica  y veraz de que ese tránsito asombrosos ya ha ocurrido, y la fe cristiana espera con fundamento llegar a otro mundo junto a Dios que llamamos cielo. Considero por tanto que este apunte de futuro no es una simple apreciación concordista entre ciencia y fe, cuando se suponía que los milagros vendrían avalados por las ciencias físicas. Más bien donde acaba la física comienza la metafísica, y donde acaba esta comienza la teología apoyada en la manifestación explícita de Dios en la historia. Así no hay confusión de planos, ni mezcla de métodos, aunque siempre debe haber racionalidad.

No parece descabellado observar que los progresos de las ciencias, del arte y de la intuición hacia la verdad apuntan sin saberlo tantas veces, hacia un mundo nuevo en sentido estricto, que está en las manos de la Providencia de Dios.

En suma, la materia es significativa por la sencilla razón de que toda obra dice algo de su autor, en particular la llamada creación artística. Con esa razón la ciencia que descubre algunas leyes naturales, y la verdad universal que alcanza el filósofo, son camino para llegar al Creador que ha dejado su huella significativa en la naturaleza y singularmente en el hombre inteligente. Siempre que el prejuicio contra el mundo espiritual no ciegue la inteligencia humana.

Jesús Ortiz López

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