Viernes 02/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Proteger a menores contra abusos y violencias

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Comenté ya la decisión de la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa sobre la objeción de conciencia. Hoy quiero referirme a la Recomendación 1934, sobre “El maltrato infantil en las instituciones: garantizar la plena protección de las víctimas”, aprobada también el pasado día 5 (redacción provisional).

En la ponencia, la diputada socialdemócrata alemana Marlene Rupprecht, aunque hacía las debidas matizaciones formales, cargaba demasiado contra la Iglesia católica. Por eso, fue importante la extensa y divergente opinión manifestada por el diputado italiano Luca Volontè. Éste se refirió a la existencia de numerosos estudios y estadísticas sobre el problema. Destacó algunos, como el estudio de la Secretaría General de la ONU sobre la violencia contra los niños, de 2006: muestra que, por lo general, la mayoría de los actos de violencia se cometen por personas que forman parte de su vida: padres, compañeros de clase, profesores, novios o parejas. Otro informe importante lo publicó la Organización mundial de de la salud en 2002. Y el propio Consejo de Europa había editado en 2003 un estudio sobre el alcance de los abusos y el fracaso de las políticas y programas existentes entonces.

En definitiva, se trata de un problema real, muy serio, pero que no debe reducirse a los abusos producidos históricamente en los establecimientos, puesto que son más graves los que se dan en ámbitos familiares, y crece cada día más la pedofilia a través de Internet. Luca Volontè puso de relieve, por ejemplo, el excepcional trabajo que en este campo viene haciendo la policía española.

El documento del Consejo refleja expresamente su preocupación “por la magnitud de los abusos sexuales, físicos y morales sufridos en las últimas décadas por niños y adolescentes en los Estados miembros”. Esos problemas “persisten en diversos establecimientos, incluidos centros de enseñanza pública y privada, centros de acogida, instituciones correccionales para jóvenes delincuentes, asociaciones de ocio, y otros”. A juicio de la Asamblea, falta a veces determinación en las medidas adoptadas ante delitos contra menores, miembros más vulnerables de la sociedad.

En síntesis, sería preciso que todas las autoridades y las instituciones llevasen a cabo una revisión crítica de sus acciones, para tomar medidas más radicales, prestar asistencia a los afectados, y proteger a los niños en el futuro. Concretamente, algunos Estados deberían reforzar la legislación penal en este campo, siempre de conformidad con el artículo 19 de la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, así como con la Convención europea sobre la Protección de los Niños contra la Explotación Sexual y el Abuso Sexual, que entró en vigor el 1 de julio de 2010.

La Asamblea pide también medidas concretas respecto de los casos de maltrato infantil revelados más recientemente. Se centra en la protección legislativa, en la corrección de fallos estructurales de las diversas instituciones, en el mejoramiento del control y de la formación de los profesionales y voluntarios, en la investigación de los delitos cometidos en el pasado, para hacer justicia a las víctimas y sacar experiencias de futuro.

Sólo incidentalmente, la recomendación del Consejo de Europa se refiere a la importancia de forjar un ambiente familiar donde los niños se sientan queridos, apoyados y seguros. Pero más bien le interesa en cuanto les permita identificar cualquier acto de violencia como algo malo.

Se repite así la tremenda omisión que viene dándose en los intentos de dar solución a tantos otros problemas sociales, como la llamada violencia de género. A pesar de las intervenciones legislativas, y la puesta en marcha de juzgados especiales, observatorios, etc., no parece detenerse la sangría. Tal vez, porque falta voluntad política de examinar los motivos profundos del deterioro. No se trata, desde luego, de simplificar con razones éticas, como los que insisten en las causas morales de la crisis económica. Pero tampoco de excluirlas o silenciarlas. Porque, sin caer en ilusiones cientistas o iluministas, no tiene sentido que una sociedad cada vez más culta y desarrollada no sea capaz de corregir deficiencias tan serias.

En cualquier caso, vale la pena apoyar la campaña del Consejo de Europa para poner fin a la violencia sexual contra los niños, que será lanzada el 29 y 30 de noviembre de 2010 en Roma.

Salvador Bernal