Domingo 20/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Presupuestos para la Paz

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El mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz del próximo 1 de enero, más que un canto a la Paz, es un clamor por la Paz, un clamor anhelando y rogando la Paz.

Un clamor que se eleva al Cielo desde lo más hondo del corazón de Benedicto XVI, y se expande por la tierra sostenido en cinco verdades fundamento, sin las cuales, en el pensamiento del Santo Padre la Paz no se establecerá nunca sobre la tierra.

La primera verdad es el reconocimiento de la vocación innata de la humanidad hacia la paz.

"El deseo de paz es una aspiración esencial de cada hombre, y coincide en cierto modo con el deseo de una vida humana plena, feliz y lograda. En otras palabras, el deseo de paz se corresponde con un principio moral fundamental, a saber, con el derecho y el deber a un desarrollo integral, social comunitario,que forma parte del diseño de Dios sobre el hombre. El hombre está hecho para la paz, que es un don de Dios".

Saberse criatura es la segunda verdad que el hombre no puede desconocer, si quiere construir la Paz.

Si ese deseo de paz está inscrito en el corazón de todos los hombres y mujeres de cualquier lugar del planeta, Alguien lo ha inscrito; y eso ayuda a pensar que el deseo de paz está al servicio del desarrolle del plan de Dios sobre el hombre; el plan de un Padre que ama a sus hijos, y desea para ellos lo mejor.

"Una condición previa para la paz es el desmantelamiento de la dictadura del relativismo moral y del presupuesto de una moral totalmente autónoma, que cierra las puertas al reconocimiento de la imprescindible ley moral natural inscrita por Dios en la conciencia de cada hombre. La paz es la construcción de la convivencia en términos racionales y morales, apoyándose sobre un fundamento cuya medida no la crea el hombre sino Dios".

El "relativismo moral" no es "bello" -como se ha escrito- ni mucho menos; y no lo es, porque supone sustituir el plan de Dios sobre el hombre por el plan del hombre sobre sí mismo; lo que lleva consigo reducir su grandeza original. O sea, desconocer su propia dignidad de "hombre".

Ese "deseo de paz" ha de transcurrir por cauces adecuados, por cauces que el Creador del hombre ha señalado en su deseo de hacer bien al hombre, a sus hijos los hombres.

Y así llegamos a que el respeto a todo el hombre, a todos los hombres, es la tercera verdad fundamento.

"La paz concierne a la persona humana en su integridad e implica la participación de todo el hombre. Se trata de paz con Dios viviendo según su voluntad. Paz interior con uno mismo, y paz exterior con el prójimo y con toda la creación. La negación de lo que constituye la verdadera naturaleza del ser humano en sus dimensiones constitutivas, en su capacidad intrínseca de conocer la verdad y el bien y, en última instancia, a Dios mismo, pone en peligro la construcción de la Paz. Sin la verdad sobre el hombre, inscrita en su corazón por el Creador, se menoscaba la libertad y el amor, la justicia pierde el fundamento de su ejercicio".

Quizá puede parecer un ideal demasiado elevado, y lejos del alcance de los hombres de nuestro tiempo; o también, algo que no vale la pena siquiera intentar: que cada uno viva a su manera, y a ver qué resultado da. Benedicto XVI no se engaña, porque sabe que la cuarta verdad es la intervención de Dios mismo en la historia de los hombres. El hombre nunca está solo; abandonado a sus propias y únicas fuerzas.

"La paz no es un sueño, no es una utopía: la paz es posible. Nuestros ojos deben ver con mayor profundidad, bajo la superficie de las apariencias y las manifestaciones, para descubrir una realidad positiva que existe en nuestros corazones, porque todo hombre ha sido creado a imagen de Dios y llamado a crecer, contribuyendo a la construcción de un mundo nuevo. En efecto, Dios mismo, mediante la encarnación del Hijo y la redención que él llevó a cabo, ha entrado en la historia, haciendo surgir una nueva creación y una alianza entre Dios y el hombre, y dándonos la posibilidad de tener "un corazón nuevo" y "un espíritu nuevo".

La paz viene a ser el Arco Iris en la sociedad; la señal de la armonía entre Dios y los hombres. Cuando el hombre está en guerra, en violencia contra sí mismo, contra los demás, está también, y principalmente, en guerra con Dios.

Y el respeto a la vida humana, viene a ser la quinta verdad fundamento de la Paz.

"El camino para la realización del bien común y de la paz pasa ante todo por el respeto de la vida humana, considerada en sus múltiples aspectos, desde su concepción, en su desarrollo y hasta su fin natural. Auténticos trabajadores por la paz son, entonces, los que aman, defienden y promueven la vida humana en todas sus dimensiones: personal, comunitaria y trascendente. La vida en plenitud es el culmen de la paz. Quien quiere la paz no puede tolerar atentados y delitos contra la vida".

¿Como puede establecerse la paz sobre un cementerio de millones de tumbas de inocentes asesinados apenas concebidos?

"Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios"

Y así "la paz será una convivencia basada en la verdad, la libertad, el amor, la justicia". ¿Arduo camino? Sin duda. La alternativa, sin embargo, es desastrosa: el totalitarismo ideológico, político, sostenido por la manipulación y el abuso del poder, que se sostiene en la destrucción del hombre.

Ernesto Juliá Díazernesto.julia@gmail.com

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