Martes 22/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Portadores del amor y de la paz de Cristo

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El viaje ha terminado en paz, dando la paz, dejando la paz de Cristo en el corazón de quienes le han acogido, y a quienes Benedicto XVI ha dado las gracias, "no sólo por la consideración y respeto" con que lo han acogido, sino también con lo que han añadido: "algo parecido a una de esas famosas especias orientales que enriquecen el sabor de los alimentos: vuestro calor y vuestro corazón".

Y, en medio de los peligros de estallidos de violencia, de guerra, Benedicto XVI ha lanzado una invitación a los jóvenes que le han escuchado en Bkerké, que alcanza a todos los cristianos jóvenes, y menos jóvenes del mundo:

"Sed portadores del amor de Cristo". Les invita a profundizar en la Fe, a orar, a vivir los sacramentos, a crecer "arraigados y edificados en Cristo", y así, transmitir a todos "la verdadera revolución del amor", recordándoles el mandato nuevo del Señor : "Amaos los unos a los otros como Yo os he amado".

¿Queda todo el mensaje de Benedicto XVI en estas palabras, bellas, sin duda, y tan verdaderas como bellas?

No. Sitúa a los jóvenes de frente a las realidades que se van a encontrar y les anima a ser fuertes, y a vencer los obstáculos que se van a encontrar; y no esperando y resistiendo, solamente, sino afirmando, dando un testimonio de vida y de amor.

"La fraternidad es una anticipación del Cielo. Y la vocación del discípulo de Cristo es la de ser levadura en la masa. Sed los mensajeros del evangelio de la vida y de los valores de la vid. Resistid con valentía a aquello que la niega: el aborto, la violencia, el rechazo y desprecio del otro, la injusticia, la guerra".

Un reto para corazones cristianos, corazones siempre jóvenes porque viven de Cristo Resucitado, de Cristo Eucaristía. Reto, sin embargo, duro y difícil, no pocas veces, de llevar a la práctica, ¿por qué?

"¿No es un mundo de paz para nosotros y para los demás lo que deseamos en lo más profundo? "Mi paz os doy", dice Jesús. Él no ha vencido el mal con otro mal, sino tomándolo sobre sí y aniquilándolo en la cruz mediante el amor vivido hasta el extremo. Descubrir de verdad el perdón y la misericordia de Dios, permite recomenzar una nueva vida. No es fácil perdonar. Pero el perdón de Dios da la fuerza de la conversión y, a la vez, el gozo de perdonar. El perdón y la reconciliación son caminos de paz, y abren futuro".

Y les invita a ser "acogedores y abiertos, como Cristo os pide y como vuestro país os enseña". ¿Está soñando Benedicto XVI? Quizá, pero persiste en el sueño y extiende la invitación a los jóvenes musulmanes que también le escuchan: "Quiero saludar a los jóvenes musulmanes que están con vosotros esta noche. Vosotros sois, con los jóvenes cristianos, el futuro de este maravilloso país y de todo el Oriente Medio. Buscad construirlo juntos. Y cuando seáis adultos, continuad a vivir la concordia en la unidad con los cristianos. Porque la belleza del Líbano se encuentra en esta bella simbiosis".

Deja al Líbano en las manos de María: "Ella os protege y acompaña desde lo alto de la colina de Harissa, vela como madre por todos los libanes y por tantos peregrinos que acuden de todas partes para encomendarles sus alegrías y sus penas".

A los pies de la Virgen rezan cristianos y musulmanes, y le pedirán, sin duda, larga vida a Benedicto XVI.

Ernesto Juliá Díazernesto.julia@gmail.com

“Somos
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